|
Michel de Nostredame nació en St. Rémy, en la
Provenza francesa, el 14 de diciembre de 1503. Era el mayor de cinco hermanos,
de los que apenas se sabe nada excepto del menor de ellos, Jean, que
llegaría a ser Procurador del Parlamento de la Provenza.
Sus padres eran judíos, pero se convirtieron al
catolicismo cuando Michel contaba nueve años. Esto le supuso abarcar por
igual la Kábala judía y las predicciones bíblicas. Su
abuelo le aportó su primera educación en hebreo, griego,
latín, astronomía, matemáticas y ciencias.
Cuando el abuelo murió, le enviaron a estudiar a
Avignon. Su familia había logrado una buena posición con el
mercadeo de grano, lo que le permitió ingresar en la escuela de medicina
de Montpellier en 1522.
Se tituló en medicina a los treinta y dos años,
y trabajó como profesor antes de ejercer su especialidad en diferentes
ciudades de Francia.
Combatiendo las plagas en el interior del país
aprendió una serie de métodos poco ortodoxos que
perfeccionó posteriormente y le valieron el enfrentamiento con sus
colegas y las autoridades religiosas.
Su mujer y sus hijos fueron alcanzados por las plagas en 1538,
y Nostradamus quedó destrozado por haber sido incapaz de protegerlos.
Enfrentado a sus amigos y a la familia de su mujer, aún le faltaba ser
acusado de herejía por parte de la Inquisición.
Unos años antes había dicho a un escultor que estaba
modelando un demonio cuando trabajaba en una obra en bronce de la Virgen
María. El médico se refería a la total falta de sentido
estético de la obra, pero esta puntualización fue ignorada por
sus acusadores.
Para evitar enfrentarse a un juicio que no esperaba justo,
viajó a Italia durante seis años. Regresó a Marsella en
1554, donde trabajó febrilmente combatiendo la epidemia de gripe que
aquel año arrasó la ciudad.
Luego se trasladó a Salon-de-Provence, donde en
Noviembre se casó con Anne Ponsart Gemelle, una rica viuda con la que
vivió una existencia burguesa durante veinte años, y hasta su
muerte, en una casa que aún se conserva. Allí comenzó sus
predicciones por el método de la concentración, dirigiendo su
atención hacia un cuenco lleno de agua y sujeto por un trípode.
Se ganaba la vida fabricando horóscopos, almanaques,
coloretes de maquillaje y confituras. Era un padre afectuoso para sus muchos
hijos, lo que no le impedía en los negocios un cierto carácter
especulador. La fama le alcanzó durante los diez últimos
años de su vida, gracias a la llamada que le hizo la reina Catalina de
Médicis en 1556. Ya reinando Carlos IX fue incluso nombrado
físico de la corte.
Presintió su propia muerte y dejó todos sus
asuntos terrenales preparados y a sus amigos avisados de su próximo fin.
Murió el 2 de julio de 1566 y fue enterrado en la Iglesia de Cordeliers,
en Salon. Sus restos fueron trasladados en 1791 a la Iglesia de Saint Laurent,
también en Salon, después de haber sido desenterrados por
soldados supersticiosos durante la Revolución. |
|