La tradición nos habla de las flechas de Cupido para explicar la
repentina y en muchos casos irracional atracción que se establece entre
dos personas. En este caso se trata de una sintonización mutua, lo que
suele interpretarse como la compatibilidad entre las impresiones emanadas por
los dos.
Pero también es indudable que algunas personas tienen un fuerte
atractivo para casi todas las demás. Un magnetismo personal que las hace
irresistibles y con frecuencia legendarias en un entorno más o menos
amplio. Es el llamado "sex-appeal", y suele identificarse con la
atracción sexual en cuanto a los mecanismos que lo disparan.
En ambos casos la explicación fisiológica puede ser la misma,
aunque el "enamoramiento", como lo llamaban en generaciones pasadas,
se produzca sólo cuando cada uno encuentra su media naranja,
independientemente del nivel de atracción que sean capaces de producir
individualmente.
Suele diferenciarse la atracción sexual, llamada
"sex-appeal" en términos anglosajones, de la posterior
seducción o conquista, que responde a esquemas sociales mucho más
definidos. Por el contrario, la atracción es pura biología, un
flechazo instantáneo que no tiene aún mucha explicación.
Algunas teorías afirman la existencia de un código de
señales energéticas que se establecen mediante corrientes
eléctricas entre los campos electromagnéticos de las dos
personas. Si estas señales son identificadas como complementarias, los
mensajes se interpretan de forma positiva y producen un efecto de
atracción mutua.
Otros expertos defienden una mecánica hormonal como
explicación para la atracción sexual. Según ellos, la
conexión se realizaría por efecto de una secreción
hormonal similar a la que la mujer experimenta durante la ovulación y
que tiene el efecto de incrementar su deseo sexual.
Los detractores de esta teoría la relacionan únicamente como
un medio natural para fomentar la reproducción, herencia de los
mecanismos que en los seres inferiores hacen coincidir en el celo el momento de
mayor capacidad reproductiva de ambos sexos.
Sin embargo, la teoría más extendida no se aleja mucho del
paralelismo con el comportamiento animal, ya que se basa en el olor corporal
que, como es bien sabido, juega un papel fundamental en el cortejo de casi
todas las especies animales.
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