EDGAR ALLAN POE
 Edgar Allan Poe   Edgar Allan Poe
  (2ª parte)

 La primera parte de este artículo está disponible en la dirección
http://www.lector.net/verjul99/poe.htm
 


 Solo y sin recursos, pero más resuelto que nunca, Edgar se envolvió en su capa de cadete que ya no abandonó hasta su muerte, y el 19 de febrero de 1831 embarcó hacia Nueva York.

 Ya al mes siguiente, acuciado por el hambre, intentó enrolarse en el ejército polaco, sublevado contra Rusia, pero no fue admitido, y después de publicar un nuevo libro de poemas, tuvo que regresar a Baltimore para refugiarse en casa de María Clemm.

 Pero entretanto había conseguido ya un logro importante: su nueva colección de poemas demuestra una calidad muy notable, conteniendo la base de su talento y que con el tiempo iría puliendo y modificando como los propios versos contenidos en el volumen.

 Su hermano mayor murió poco tiempo después y Edgar se instaló ya solo en la buhardilla que habían compartido durante su anterior estancia.

 La necesidad imperiosa de vender su trabajo le hizo dirigir su talento hacia el cuento, mucho más comercial que la poesía a que se había dedicado hasta entonces. No era éste un género que le resultara desagradable en absoluto, y enseguida descubrió que su talento poético podía crear en sus cuentos una atmósfera especial, mágica.
 
  
 Su experiencia anterior fue decisiva en esta nueva andadura y además de permitirle diferenciar el cuento del poema en prosa e incluso del fragmento novelesco, le aportó la suficiente calidad literaria para que ya en su primer cuento, "Metzengerstein", se incluyeran todos los elementos que años después le valdrían el reconocimiento universal de la crítica.

 Incapaz todavía de publicar regularmente su trabajo, Edgar dependía de su tía María quien a su vez dependía de la caridad y humanidad de amigas y conocidas. En esta apurada situación, Edgar supo comportarse con sobriedad y absoluta corrección, ayudando en lo posible a la economía familiar.

 Pero de repente surgió una antigua deuda que suele achacarse a su hermano muerto y que obligó al escritor a escribir de nuevo a John Allan suplicándole su ayuda. Este le brindó, de forma indirecta, el último favor que le haría en su vida y evitó que Edgar fuera encarcelado por el impago.

 Perseguido por el hambre, la miseria, el pasado, Edgar hizo grandes esfuerzos no sólo para mantenerse en un camino recto, sino para seguir mejorando y aprendiendo, entrenando su talento y puliéndolo.


(sigue 1/7)

 


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