RECUPERAR LA FORMA
Recuperar la forma

La Motivación

 

 

Sin lugar a dudas la mayor dificultad para hacer ejercicio regularmente no es la falta de tiempo, el lugar o la energía. Todas estas excusas son dificultades superables si disponemos de la suficiente motivación.

 

Lo primero es fijarse unos objetivos.

Los objetivos que perseguimos con nuestra actividad son las razones por las que la desarrollamos. Cuanto mayor sea el objetivo, mayor será nuestra motivación y deseo por alcanzarlo.

Y esto es de nuevo una medida personal. Un objetivo que para una persona suponga un interés suficiente, como perder cinco kilos, puede no ser suficiente para otra persona, que necesita perder al menos diez. También el tipo de objetivo variará entre las personas. Uno sólo quiere perder esos kilos, pero otro querrá aumentar el volumen de sus músculos, o tener una espalda más ancha. El deporte es una cuestión individual, y aunque lo practiquemos en compañía de otra persona para hacerlo más llevadero, debemos vigilar siempre que sea en base a nuestras necesidades y por tanto motivaciones.

Una vez definido el objetivo, lo dividiremos en corto y largo plazo. Por ejemplo, podemos fijarnos correr cinco minutos más cada semana o hacer cinco kilómetros más con la bicicleta. Los objetivos a corto plazo son combustible para nuestro horno de motivación. Cada objetivo a corto plazo supone un aliciente, un refuerzo a nuestra voluntad. Pero nunca perder de vista que es sólo un elemento intermedio, y no el objetivo final. De lo contrario se corre el riesgo de contentarse con el corto plazo y utilizarlo como excusa para dejar de esforzarse por haber "demostrado que puedo hacerlo".

También es importante escribir todos los objetivos en un papel y leerlos con frecuencia. Convertirlos en algo material ayuda a eliminar excusas y a comprometernos con nosotros mismos. Darle una copia a nuestro novio/a ayudará a motivarnos y lo hará más divertido. Seguro que tu pareja estará encantado/a de ayudarte a mejorar tu físico.

En ambos casos, los objetivos a corto y largo plazo deben ser alcanzables. Desde luego no existe un objetivo más fuerte que tener el cuerpo de ese actor o actriz de moda, pero es inútil como motivador porque nadie lucha por algo que sabe inalcanzable. Al menos, nadie normal. Y si bien es cierto que aspirando a lo máximo podemos al menos quedarnos por el camino, y eso habremos ganado, también lo es que los objetivos a corto plazo deben estar en proporción al de largo plazo, y por tanto serán también demasiado altos. No existe nada más desmotivador que ser incapaz de alcanzar, una semana tras otra, los objetivos a corto plazo. Éstos deben ser, incluso, demasiado fáciles de alcanzar, porque conducen hacia el de verdadero interés.

 

 

 




 

La recompensa del ejercicio físico es evidente: un cuerpo más esbelto, más atractivo, más proporcionado y sano.

 

 

Autosugestión hacia los objetivos.

La recompensa del ejercicio físico es evidente: un cuerpo más esbelto, más atractivo, más proporcionado y sano. Para conseguirlo necesitamos programar nuestra mente en el camino hacia él.

Tres veces al día, al levantarse, antes de hacer el ejercicio y antes de acostarse, es necesario dedicar de 5 a 10 minutos a mentalizar ese objetivo, saboreando y disfrutando del momento en que ya lo hayamos conseguido.

Para ello es necesario relajarse. Existen muchas técnicas de relajación, y cada uno encontrará la que le sea más adecuada. Para quien no conozca ninguna, describiremos brevemente una de las más sencillas y a la vez efectivas.

Sentándose o tumbándose en posición cómoda y en silencio, intentaremos relajar todos los músculos de nuestro cuerpo. Para ello cerraremos los ojos y respiraremos profundamente varias veces. Intentar hacer la respiración acompasada, incluso lenta, concentrándose en ella.

Luego empezaremos por los pies, haciendo un esfuerzo por liberar los músculos de toda tensión, imaginando cada músculo pesado, muy pesado, colgando libremente de sus tendones. Seguiremos subiendo por las piernas hacia los músculos del torso, la espalda, los hombros y bajando por los brazos hacia las manos. Los nuevos músculos en que pensemos deben sumarse a los que ya están relajados hasta que todo el cuerpo lo esté. Los más difíciles son las manos y el cuello pero con un poco de práctica podremos hacerlo sin demasiada dificultad y en muy poco tiempo.

La práctica de la relajación tiene por sí misma muchos beneficios e indicaciones. Es ideal para automotivarse para cualquier tipo de actividad, pero también para coger el sueño cuando tenemos dificultades o algo nos mantiene en tensión. Un cuarto de hora de verdadera relajación equivale a varias horas de sueño, por lo que es muy útil en periodos de mucha actividad.

Una vez relajado, dedicar unos minutos a imaginar ese cuerpo que queremos lograr, visualizándolo con todo detalle delante de un espejo o en actividades normales como ir a la playa. También ayuda, para qué lo vamos a negar, imaginar los comentarios favorables de la gente, su envidia y especialmente la de aquellos que se han burlado o desconfiado de nuestras intenciones. También, por supuesto, la alegría de nuestro compañero/a porque hayamos conseguido nuestros objetivos y nuestra propia satisfacción.

Después, abrir los ojos e inspirar fuertemente un par de veces. Haz un repaso mental de las tareas diarias que debes desarrollar para alcanzar el objetivo y ya estás preparado para dar un paso más hacia él.

 

Convertir los pensamientos negativos en positivos.

La mente controla al cuerpo y le influye con el tipo de pensamientos que alberga. No conseguiremos cambiar nuestro cuerpo si no aprendemos primero a cambiar nuestra mente.

Debemos estar preparados para nuestras propias excusas y racionalizaciones y convertirlas en motivaciones. Pensar cosas como "no va a pasar nada porque no entrene hoy" o "con el tiempo que hace que no hago nada, un día más no va a importar demasiado" debe ser sustituido por otras como "cada día que entreno me acerco un poco más al objetivo" o "precisamente, ya he perdido demasiado tiempo".

Existen excusas típicas como decir que "después de trabajar todo el día no tengo energía para ponerme a correr", pero otras dependen en gran medida de cada persona, así que debes aprender a conocerlas y contrarrestarlas. Una buena preparación teórica sobre el ejercicio puede ayudar a conseguirlo, como sabiendo que hacer ejercicio aporta más energía en vez de agotarla, por lo que dedicarle algún tiempo después de tu jornada laboral ayudará a que te sientas más enérgico y vital.


Claves y deportes.
Exceso de peso.

(sigue 2/4)


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