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Autosugestión hacia los
objetivos.
La recompensa del ejercicio
físico es evidente: un cuerpo más esbelto, más atractivo,
más proporcionado y sano. Para conseguirlo necesitamos programar nuestra
mente en el camino hacia él.
Tres veces al día, al levantarse, antes de hacer el
ejercicio y antes de acostarse, es necesario dedicar de 5 a 10 minutos a
mentalizar ese objetivo, saboreando y disfrutando del momento en que ya lo
hayamos conseguido.
Para ello es
necesario relajarse. Existen muchas técnicas de relajación, y
cada uno encontrará la que le sea más adecuada. Para quien no
conozca ninguna, describiremos brevemente una de las más sencillas y a
la vez efectivas.
Sentándose o tumbándose en posición
cómoda y en silencio, intentaremos relajar todos los músculos de
nuestro cuerpo. Para ello cerraremos los ojos y respiraremos profundamente
varias veces. Intentar hacer la respiración acompasada, incluso lenta,
concentrándose en ella.
Luego empezaremos
por los pies, haciendo un esfuerzo por liberar los músculos de toda
tensión, imaginando cada músculo pesado, muy pesado, colgando
libremente de sus tendones. Seguiremos subiendo por las piernas hacia los
músculos del torso, la espalda, los hombros y bajando por los brazos
hacia las manos. Los nuevos músculos en que pensemos deben sumarse a los
que ya están relajados hasta que todo el cuerpo lo esté. Los
más difíciles son las manos y el cuello pero con un poco de
práctica podremos hacerlo sin demasiada dificultad y en muy poco tiempo.
La práctica de la relajación tiene por sí
misma muchos beneficios e indicaciones. Es ideal para automotivarse para
cualquier tipo de actividad, pero también para coger el sueño
cuando tenemos dificultades o algo nos mantiene en tensión. Un cuarto de
hora de verdadera relajación equivale a varias horas de sueño,
por lo que es muy útil en periodos de mucha actividad.
Una vez relajado,
dedicar unos minutos a imaginar ese cuerpo que queremos lograr,
visualizándolo con todo detalle delante de un espejo o en actividades
normales como ir a la playa. También ayuda, para qué lo vamos a
negar, imaginar los comentarios favorables de la gente, su envidia y
especialmente la de aquellos que se han burlado o desconfiado de nuestras
intenciones. También, por supuesto, la alegría de nuestro
compañero/a porque hayamos conseguido nuestros objetivos y nuestra
propia satisfacción.
Después, abrir los ojos e inspirar fuertemente un par de
veces. Haz un repaso mental de las tareas diarias que debes desarrollar para
alcanzar el objetivo y ya estás preparado para dar un paso más
hacia él.
Convertir los pensamientos negativos en
positivos.
La mente controla al cuerpo y le
influye con el tipo de pensamientos que alberga. No conseguiremos cambiar
nuestro cuerpo si no aprendemos primero a cambiar nuestra mente.
Debemos estar preparados para nuestras propias excusas y
racionalizaciones y convertirlas en motivaciones. Pensar cosas como "no
va a pasar nada porque no entrene hoy" o "con el tiempo que
hace que no hago nada, un día más no va a importar
demasiado" debe ser sustituido por otras como "cada día
que entreno me acerco un poco más al objetivo" o
"precisamente, ya he perdido demasiado tiempo".
Existen excusas
típicas como decir que "después de trabajar todo el
día no tengo energía para ponerme a correr", pero otras
dependen en gran medida de cada persona, así que debes aprender a
conocerlas y contrarrestarlas. Una buena preparación teórica
sobre el ejercicio puede ayudar a conseguirlo, como sabiendo que hacer
ejercicio aporta más energía en vez de agotarla, por lo que
dedicarle algún tiempo después de tu jornada laboral
ayudará a que te sientas más enérgico y vital.
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