 |
 |
 |
Ulises se cubrió con una piel de foca para camuflarse entre una
manada de ellas y así poder entrar en los dominios de Proteo. Esta
leyenda, de la que Homero dejó constancia hace 2800 años, es una
de las muchas referencias que la literatura griega hace a estos animales.
Por entonces la Foca Monje poblaba en abundancia el Mediterráneo, y
aún los mares de medio mundo. La misma "Odisea" los relaciona
por primera vez con las Islas Canarias, "los Campos Elíseos, que
están en lo último de la tierra, donde Radamanto da la ley y
pasan los hombres una vida dulce y tranquila".
|
| |
 |
| |
 |
Sus principales hábitats se situaban en el Caribe, Hawai,
Mediterráneo y costas africanas del Atlántico. La subespecie del
Caribe ("Monachus Tropicalis") fue mencionada por Colón a su
llegada al Nuevo Mundo, pero se considera extinguida desde 1952.
En la actualidad, la población de este mamífero, conocido
también como "lobo de mar", asciende a unos 1500 ejemplares en
Hawai ("Monachus schauinslandi"), menos de un millar en el
Mediterráneo y apenas un centenar en las costas africanas del
Atlántico, principalmente Mauritania y Madeira. |
|
| |
Las costas saharianas y los archipiélagos de Madeira y Canarias
aportaron a la supervivencia de las focas monje, también llamadas
fraile, la mayor facilidad del Océano Atlántico para recuperarse
de los abusos del hombre.
Las colonias del Mediterráneo, en cambio, sufrieron mucho antes el
empobrecimiento del mar y el acoso constante de los marineros. El retraso que
sufrió la colonización de aquellas lejanas tierras e islas
africanas, a las que los occidentales no llegaron hasta los siglos XIV y XV,
aportó a la vida natural de la zona unas posibilidades de supervivencia
muy superiores.
|
| |
 |
| |
| El aprovechamiento de su piel y su grasa se
convirtió con el tiempo en la principal causa de su sacrificio. Lugares
como la isla de Lobos, que aún conservan el topónimo que les
valió la abundancia de sus poblaciones de focas, fueron ya en el siglo
XVI saqueados hasta el punto de exterminarlas por completo. |
 |
|
| |
Durante décadas los pescadores persiguieron a las focas con la
acusación de causar el agotamiento de la pesca, cuando en realidad
fueron el avance en los métodos de pesca costera y la
motorización de la embarcaciones los que causaron esta
disminución de recursos.
|
| |
 |
Paralelamente, la construcción de puertos, poblaciones y
complejos turísticos en las costas mediterráneas provocó
la desaparición de los hábitats utilizados por las focas para su
reproducción. |
|
| |
En la actualidad, los principales factores que amenazan su supervivencia son
la contaminación, el hundimiento de sus cuevas, la sobrepesca y las
algas tóxicas como las que en 1997 acabaron en sólo unos
días con las dos terceras partes de la colonia de Cabo Blanco
(Mauritania).
|
| |
| Curiosamente, las minas antitanque y antipersonal
abandonadas tras la guerra de reparto de la antigua colonia española del
Sáhara y Río de Oro, han servido como protección de estas
colonias de focas al mantener alejado de ellas al ser humano. |
 |
| Sin embargo también causaron la
muerte, en 1988, de Didier Marchessaux, uno de los principales investigadores
de esta especie. |
|
|