Huracán: La Furia de Eolo


Vientos de hasta doscientos cuarenta kilómetros a la hora arrastran y elevan por los aires cuanto encuentran en su camino, proyectándolo en ocasiones a kilómetros de distancia. Huracán - La furia de Eolo



La zona expuesta a este fenómeno con más frecuencia es la comprendida entre el Golfo de México, el Mar Caribe y el Océano Atlántico, donde cada año se forman unas diez tormentas tropicales. Aproximadamente seis de ellas se convertirán en huracanes, pero la mayoría permanecen sobre el mar sin alcanzar zonas pobladas.

La temporada de huracanes para esta zona se desarrolla entre Junio y Noviembre. Durante este tiempo es más probable que la temperatura del mar se eleve aumentando la evaporación. Cuando estos hechos coinciden con una corriente de aire sobre la superficie del agua, que se eleva y gira en espiral hacia el interior, se produce una depresión tropical.




Efecto de un huracán sobre una casa



Los aguaceros y tormentas que producen estos fenómenos ayudan a incrementar las temperaturas, y si además las corrientes elevadas de la atmósfera no son muy fuertes, la depresión se mantiene inmóvil mientras va aumentando su fuerza. Cuando los vientos superan los 120 kilómetros a la hora, se le denomina Tifón en el Océano Pacífico y Huracán en el Caribe.

El efecto más devastador de un huracán es, probablemente, la llamada marejada ciclónica. El viento producido por el huracán eleva hasta cinco metros el nivel del agua en una cúpula de unos ochenta kilómetros de ancho. Las costas de reducida altura son las más susceptibles de sufrir los efectos de esta marejada, especialmente si, como el sur y este de Puerto Rico, se encuentran habitualmente en el recorrido de los huracanes.




Inundaciones producidas por un huracán



Otro de los efectos de un huracán son los vientos, superiores a 120 kilómetros por hora y que pueden incluso llegar a doblar esta medida. Las construcciones que no hayan sido diseñadas para resistir esta contingencia suelen ser arrasadas y todos los objetos sueltos, incluso de peso considerable, se convierten en peligrosos proyectiles.

No menos peligrosas son las inundaciones producidas por las fuertes lluvias que habitualmente acompañan a los huracanes. Ellas fueron las causantes, en agosto de 1899, de la muerte de 3300 personas en Puerto Rico durante el paso del huracán San Ciriaco. Estas lluvias se verán afectadas por las condiciones naturales de cada lugar, incrementándose en zonas montañosas donde, además, pueden producir deslizamientos de grandes áreas de tierra en las laderas.



Un pueblo arrasado por un huracán



El llamado ojo del huracán es un círculo de unos 30 o 40 kilómetros despejado de nubes y en relativa calma. Su formación es debida a situarse en el centro del remolino, donde la mayoría de los vientos se dirigen hacia fuera, pero algunos de ellos que pasan al interior mantienen el área libre de nubes. En tierra es una calma temporal durante el desplazamiento del huracán, después de la cual los vientos soplan con igual fuerza pero en dirección contraria.


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