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Quizás con menor
repercusión a nivel mundial, encontramos la contaminación
acústica, demasiado frecuente en las ciudades. A partir de los 85
decibelios el oído puede resultar dañado, con menor ruido puede
también dañarse si nos exponemos durante un prolongado
período.
Por otra parte, el ruido, aunque no sea
dañino al oído, se ha demostrado que provoca estrés,
fatiga, pérdida de concentración, cefaleas... Lo aconsejable es
vivir y trabajar en lugares silenciosos. En caso de que esto no sea posible,
debemos aislarnos del ruido exterior con macetas, árboles, cristales
dobles en las ventanas...
Naturalmente, también debemos
denunciar el exceso de ruido, si este es ilegal y en caso de que no haya leyes
al respecto, solicitar que sean elaboradas.
La contaminación lumínica es
el resplandor de luz en el cielo nocturno, producido por una mala
utilización de la luz artificial en la iluminación de exteriores.
Así, la luz es enviada directamente al cielo, en lugar de ser utilizada
para iluminar el suelo, que es lo que realmente necesitamos.
Esta luz que es lanzada al cielo nocturno
constituye un despilfarro, pues se consume una energía que no es
aprovechada. Además, produce perturbaciones en animales y plantas e
impide correctas observaciones astronómicas. De hecho, multitud de
astrónomos y sociedades astronómicas se han quejado de ello, como
el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) que consiguió que
se aprobase la llamada "ley del cielo" canaria y que propone sistemas
específicos de alumbrado que no enfoquen hacia el cielo, así como
medidas que ayuden a controlar la contaminación atmosférica.
Esta "ley del cielo" ha sido tan
bien acogida que se han interesado por ella otras comunidades
autonómicas de España y otros países como Italia o Grecia,
e incluso la UNESCO
Básicamente, para evitar la
contaminación lumínica existen tres reglas: No exagerar la
iluminación para evitar que el suelo refleje demasiada luz (esto
también es un ahorro energético), utilizar una luz amarillenta y
enfocar la luz de las farolas al suelo, usando una carcasa reflectante encima
de las bombillas y evitando las farolas en forma de globo.
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Todo lo anteriormente
expuesto y más asuntos que no hemos expuesto por considerarlos
"menores", ocasionan más problemas de los ya indicados.
Vertiendo tanto CO2 a la atmósfera, conseguimos un cambio
climático a nivel mundial del que ya se están viviendo sus
negativas consecuencias en multitud de zonas.
El IPCC, Panel Intergubernamental sobre el
Cambio Climático, está establecido por las Naciones Unidas para
asesorar a los gobiernos sobre el tema, y tras un estudio minucioso concluyeron
lo siguiente: "el cambio climático es probable que tenga un
amplio alcance y sobre todo efectos adversos en la salud humana, con
pérdida significativa de vidas".
Por otra parte, está demostrado que
este cambio climático acelera la aparición de enfermedades
infecciosas (malaria, dengue...). Hay un sector empresarial que se está
viendo forzado a creer en el calentamiento global y en el cambio
climático que esto representa: las compañías de seguros.
En EE.UU. y otros países las aseguradoras han visto como se
reducían sus ganancias para hacer frente a los cada vez más
numerosos desastres meteorológicos extremos vinculados al efecto
invernadero, como inundaciones, sequías, huracanes, el llamado
"niño"... Aseguradoras alemanas y suizas han promovido medidas
para la reducción del vertido de gases invernadero.
La Alianza de Pequeños Estados
Isleños ha apelado a las naciones industrializadas para que hacia el
año 2005 reduzcan sus emisiones de gases invernadero hasta un 20% por
debajo de los niveles de 1990 (entre 1990 y 1995 la emisión mundial de
CO2 se incrementó en un 12%). El calentamiento global implica la
fusión de parte de los casquetes polares y la elevación del nivel
del mar. Por eso, numerosos estados isleños y ciudades costeras
están amenazados de "muerte".
Otra consecuencia de lo anterior,
principalmente debida al uso de plaguicidas (como el DDT), insecticidas,
conservantes, antioxidantes, PVC y otros venenos, es la alteración en la
reproducción animal. Se ha demostrado que estas sustancias afectan al
sistema reproductor de aves, mamíferos, reptiles...
Aunque también afecta a la mujer, en
el hombre es quizás más evidente: ha aumentado el cáncer
de próstata, las malformaciones genitales y ha disminuido el
número y calidad de los espermatozoides, disminuyendo con todo esto
drásticamente la fertilidad humana en países industrializados.
Hemos querido también mostrar que los
daños al Medio Ambiente, además de atacarnos nuestra salud,
también agreden de forma especialmente grave la vida en los
países más pobres. Por eso, contribuir para conseguir un mundo
más limpio es también contribuir a conseguir un mundo sin tantas
injusticias sociales, sin tanto hambre y sin tantas desigualdades. Son como las
dos caras de una moneda y aunque no puedan verse las dos a la vez, ambas son la
misma cosa.
De nuevo usamos palabras del famoso
astrónomo Carl Sagan (1934-1996), en su obra "Miles de
Millones" (1997), para comprender que vivimos en un único planeta y
que lo que pasa en una parte del mismo no lo debemos ignorar: "Nuestro
planeta es indivisible. En Norteamérica respiramos el oxígeno
generado en las selvas ecuatoriales brasileñas. La lluvia ácida
emanada de las industrias contaminantes del Medio Oeste de Estados Unidos
destruye los bosques canadienses. La radiactividad de un accidente nuclear en
Ucrania pone en peligro la economía y la cultura de Laponia. El
carbón quemado en China eleva la temperatura en Argentina. Los
clorofluorocarbonos que despide un acondicionador de aire en Terranova
contribuyen al desarrollo del cáncer de piel en Nueva Zelanda. Las
enfermedades se propagan rápidamente a los más remotos rincones
del planeta, y su erradicación requiere un esfuerzo médico
global. (...) Probablemente sea un exceso de optimismo confiar en que
algún gran Defensor del Ecosistema vaya a intervenir desde el cielo para
enderezar nuestros abusos ambientales. Es a nosotros a quienes corresponde
hacerlo. (...) Hemos destruido los bosques, erosionado la superficie del
planeta, alterado la composición de la atmósfera, debilitado la
capa protectora de ozono, trastornado el clima, emponzoñado el aire y
las aguas y conseguido que los más depauperados padecieran más
que nadie la degradación ambiental. Nos hemos convertido en predadores
de la biosfera, poseídos de arrogancia, siempre dispuestos a conseguir
todo sin dar nada a cambio. Ahora mismo somos un peligro para nosotros mismos y
para los seres con los que compartimos el planeta. La agresión al
entorno global no es responsabilidad exclusiva de empresarios empujados por el
afán de lucro y de políticos miopes y corruptos. Todos tenemos
parte de culpa."
Ahora, es el momento de preguntarnos:
¿es este el mundo que queremos para nosotros y para nuestros hijos?. En
caso negativo, hay que actuar ya y no esperar a que otros protesten y otros
solucionen los problemas. Que cada acción diaria sea respetuosa con la
Naturaleza y con los demás y que éste artículo no se
convierta en uno más que decía "cosas ecologistas". El
mundo está en tus manos. Si no hacemos nada, nuestros nietos
dirán: "conocían el problema, conocían sus causas,
conocían sus consecuencias y conocían sus soluciones... ¿Por
qué no hicieron nada?".
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