Hipnosis


Hipnosis
 

 

  LLo llamamos Hipnosis desde que un cirujano escocés de nombre Braid lo asimiló de forma estremecedora con Hypnos, hermano de Thánatos al que los griegos consideraban el dios de la Muerte. Se lo conoce también como sugestión o, más modernamente, sofrosis.
  Pero el hipnotismo no es una invención occidental, ni mucho menos. Su base, la actuación sobre la consciencia, está presente en el control respiratorio de los cenobitas griegos, el yoga, Zen budista, macumba, Kavanah judío, vudú, chamanes indios, sufíes o el morita japonés, por citar algunos.
  La capacidad de curar con las manos que distingue a la sociedad religiosa de los Kwakiut y el latah de los malayos, que somete por completo la voluntad de aquellos a quienes los iniciados miran directamente al rostro, son también muestras de cómo a lo largo del tiempo las distintas sociedades han sabido utilizar la capacidad de sugestión de la mente.
  LLa realidad del hipnotismo es muy distinta de la imagen que nos ha transmitido su aprovechamiento "artístico". Contrariamente a lo que aparentan las estrellas del teatro de variedades o los guionistas de cine, la voluntad no se somete completamente a la del hipnotizador, sino que la "víctima" debe estar dispuesta a ser hipnotizada.
El hipnotizado es consciente, en todo momento, de los actos que realiza.
  Las convicciones profundas del sujeto están siempre por debajo del estado de sugestión, en lo que Freud llamó el Super Yo. Por eso no existe riesgo de que se nos obligue a hacer algo que en nuestro fuero interno consideramos negativo, como un crimen o algo deshonesto. A menos que en realidad seamos criminales o deshonestos.
  Los actos insospechados que se realizan mientras dura el trance son internamente deseados, o tolerados, por el hipnotizado a quien sólo se le eliminan las barreras que habitualmente le mantienen en consonancia con el entorno. Libre de vergüenza o del miedo al ridículo, no tiene inconveniente en hacer de gallina o quitarse la ropa que se le ordene.
 La resistencia a ser hipnotizado no demuestra inteligencia, sino al contrario.
  Contrariamente a lo que suele pensarse, no es cuestión de fortaleza poder resistirse a la hipnosis, sino todo lo contrario. Las personas de menor coeficiente intelectual son infinitamente más difíciles de hipnotizar, mientras que a las de mayor inteligencia les resulta mucho más fácil dejarse sugestionar.
  Esto es debido a su mayor facilidad para concentrarse y también a que son más propensos a superar los miedos y reticencias que pueden bloquear el proceso. No existe riesgo alguno en dejarse hipnotizar por un experto, pero manejada por aficionados, la hipnosis puede hacer aflorar traumas ocultos sobre los que se pierde todo el control.



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