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| En 1890, un niño de trece años
tuvo la visión de una mujer con aspecto angelical que le preguntó
cuál era su mayor deseo en la vida. El, sin dudarlo un momento,
respondió que deseaba ayudar a los demás, especialmente a los
niños enfermos. Su nombre era Edgar Cayce. Había nacido en Hopkinsville, un pequeño pueblo de Kentucky, el 18 de marzo de 1877. La precaria situación económica de su familia le obligó a abandonar muy pronto sus estudios, a pesar de que estaba obteniendo muy buenos resultados. El secreto de su extraordinaria capacidad de memorización era una extraña habilidad para provocarse un estado especial de sueño. Durmiendo de esta forma sobre sus libros de texto, podía recordar después todo lo que contenían. Trabajó en una librería como vendedor hasta 1898. Entonces sufrió una extraña afección en la garganta que ningún médico supo diagnosticar con exactitud. Paralizadas las cuerdas vocales hasta impedirle hablar más que con un susurro, Edgar tuvo que dejar su empleo, aunque pronto consiguió otro en un estudio fotográfico. Después de ocho meses sin que ningún médico pudiera resolver su problema, Edgar pidió a un amigo que le asistiera mientras se provocaba de nuevo el estado de sueño que tan buenos resultados le había dado con sus estudios. Durante el trance comenzó a hablar con toda normalidad, describiendo su enfermedad y un sencillo tratamiento que en poco tiempo curó la dolencia. |
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| Interesados por la solución de un
problema que habían sido incapaces de resolver por sí mismos,
algunos médicos empezaron a colaborar con Edgar en una serie de
experiencias que muy pronto mostraron unos resultados espectaculares. Cayce era
capaz de diagnosticar enfermedades y prescribir tratamientos para cualquier
persona del mundo con sólo conocer su nombre y dirección.
En 1910 el New York Times publicó un artículo a página completa sobre Edgar y sus aptitudes, basado en un informe que el Doctor Wesley Ketchum había remitido a la Clinical Research Society de Boston. Esta difusión provocó que personas de todo el país acudieran a Edgar para solicitar su ayuda. Durante el trance autohipnótico, Cayce podía responder cualquier pregunta que se le hiciera, y pronto superó las cuestiones físicas para abordar también cuestiones psicológicas, morales o religiosas. Edgar Cayce murió en Virginia Beach el 3 de enero de 1945. Desde entonces está considerado el vidente y psíquico más notorio de la historia, hasta el punto de que se han escrito más de 300 libros sobre su vida y sus lecturas. |
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(sigue 1/3) |
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