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Como consecuencia de lo ya dicho, obtenemos
que para ser coherentes con el medio ambiente debemos reducir el consumo,
entendiendo este consumo de forma amplia: el consumo de energía pero
también de bienes como ropa, calzado, coches...
En el libro "Rebelión en la
tienda. Opciones de consumo, opciones de justicia" escrito por el Centro
Nuovo Modello di Sviluppo-Cric, se muestra como algunas actuaciones
típicas de los países ricos afecta muy negativamente a los
países más pobres y que el consumo despiadado de los ricos
está destrozando el planeta y aumentando la pobreza de los pobres.
Así, llegan a afirmar que "universalizar el estilo de vida del
primer mundo implicaría la necesidad de disponer de 6 planetas Tierra
como fuente de materias primas y basurero". Y esto es obvio, porque no es
sostenible que todos los ciudadanos del planeta consuman tantos bienes,
materias y energía como lo hacen los ciudadanos del primer mundo
(especialmente EE.UU.). ¿Acaso los chinos o los sudaneses, por ejemplo, no
tienen el mismo derecho que otros a tener uno o varios coches por familia, y
varias televisiones, y microondas, y teléfonos móviles, y
consumir ropa anualmente, y consumir tantos pañuelos de papel, y tantos
muebles, y tantos...? El caso es que aunque tienen el mismo derecho, si lo
hicieran, el colapso sería inmediato.
Además, ni siquiera el actual ritmo de
consumo es sostenible por mucho más tiempo. ¿Que pasaría si
todos los ciudadanos del mundo pudieran permitirse los mismos lujos que los
ciudadanos del primer mundo? Por tanto, hay que intentar vivir con austeridad y
no consumir más bienes y energía que los estrictamente
necesarios. Pero, como dice el libro citado anteriormente, "la austeridad
ecológica no es equivalente a un ejercicio permanente de dolorosa
autofrustración, sino que implica un placentero saboreo de las cosas en
un mundo en el cual las principales fuentes de satisfacción y
realización están fuera del mercado y del consumo
compulsivo".
Enrique Rojas Montes, catedrático de
psiquiatría español, en su libro "El hombre light"
(1992) decía que "el consumismo tiene una fuerte raíz en la
publicidad masiva y en la oferta bombardeante que nos crea falsas
necesidades" y hace verdad el dicho de que "no es más feliz el
que más tiene, sino el que menos necesita". Resumiendo, hay quien
se plantea el consumo como "poder o no poder", o tienes dinero para
consumir o no lo tienes, y no se trata de no consumir para ahorrar dinero, se
trata de no consumir porque aunque uno pueda pagarlo, el planeta no puede.
Además, hay que tener presente que si
uno espera a ser feliz cuando tenga ese coche o cuando gane tanto al mes,
entonces seguramente, nunca se alcanzará la felicidad. Enrique Rojas
Montes en el mismo libro también indicaba que "la felicidad es la
máxima aspiración del hombre, hacia la que apuntan todos los
vectores de su conducta, pero si queremos conseguirla, debemos buscarla.
Además, la felicidad no supone un hallazgo al final de la existencia,
sino a través de su recorrido.".
Entender esto y aplicarlo a la forma de vida
personal es realmente lo que nos hará vivir con plenitud y,
además, respetar la Naturaleza, pues respetarla es respetarnos a
nosotros y a los demás. El mes que viene continuaremos con otros temas,
como los alimentos transgénicos (manipulados genéticamente), la
deforestación, la explotación masiva de los recursos pesqueros,
el venenoso PVC, la contaminación acústica y lumínica y
algunas consecuencias del calentamiento global y el efecto invernadero.
También daremos una lista de pequeños consejos, fáciles de
cumplir, que todos deberíamos saber y cumplir para proteger el Medio
Ambiente y nuestra salud.
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