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Otras formas de obtener energía muy
contaminantes son a través de la quema de residuos fósiles
(carbón, petróleo y sus derivados). La reacción
química es simple: combinamos el carbono (C) del combustible
fósil con el oxígeno del aire (O2), liberando una energía
encerrada ahí durante años y produciendo el dióxido de
carbono (CO2): C + O2 --> CO2
En las centrales térmicas, por
ejemplo, se quema carbón (entre otras sustancias) para producir
electricidad y no se piensa en que se libera a la atmósfera
dióxido de carbono (CO2), dioxinas y otros gases y partículas
contaminantes. Los llamados gases invernadero son los que están
provocando el cambio climático y son los 6 siguientes: dióxido de
carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), hidrofluorocarbonos
(HFC), polifluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6).
La Tierra, recibe luz y calor del Sol. Al
calentarse, la Tierra emite este calor en forma de rayos de luz infrarroja y
este calor es en parte lanzado al espacio y en parte absorbido por los gases
invernadero que evitan que la Tierra se enfríe. Como decía Sagan,
"la vida depende de un equilibrio delicado de gases invisibles que son
componentes menores de la atmósfera terrestre. Un poco de efecto
invernadero es bueno. Ahora bien, si añadimos más gases de
éstos, cómo hemos estado haciendo desde el inicio de la
Revolución Industrial, absorberán más radiación
infrarroja. Estamos haciendo más gruesa la manta, y con ello calentando
más la Tierra." Eso es el cambio climático y sus efectos
pueden leerse en los periódicos.
El problema es muy serio y sin embargo, los
políticos y las empresas no hacen nada o casi nada por evitar el
desastre. Lo vimos en la Cumbre de Nueva York de Junio de 1998 y la Cumbre
Mundial del Clima de Kioto en Diciembre de 1997. Todos reconocen la gravedad
del problema, pero nadie quiere reducir las emisiones de gases invernadero
(principalmente CO2) a niveles aceptables. En Kioto, se hablaba de reducir las
emisiones de gases contaminantes en un 15% y al final, cuando parecía
que no iba a haber acuerdo, dada la gravedad del problema acordaron reducir
Europa un 8%, EE.UU., el país más contaminante, un 7% y
Japón un 6% y eso para los años entre 2008 y 2012. Una
consideración científica indica que para hacer las cosas bien se
debería reducir, como mínimo un 46% para el año 2010 en
los países industrializados, cosa que es posible técnica y
económicamente, si hay voluntad.
Lo mejor es protestarle a los
políticos pero sin olvidar que no son los únicos culpables: somos
también nosotros, los ciudadanos, los que debemos intentar dar
solución al problema: reducir el consumo de energía de
combustión (gasolina, gas natural, butano...) y exigir a nuestros
gobernantes (mediante cartas, por ejemplo) que reduzcan la emisión de
gases nocivos en centrales térmicas, nucleares, en fábricas... y
que apoyen las energías limpias (eólica, solar...). Por
desgracia, cada vez la gente tiende más a usar el coche en lugar del
autobús y dejar aparcada la bicicleta. Esto nos lleva a un aumento de
las emisiones de gases que nos envenenan el aire... ¿Donde van tantos
humos?. Un dato: en la ciudad de Méjico, la ciudad más
contaminada del mundo, es demasiado frecuente que gente se desmaye por la calle
por falta de oxígeno con el que respirar. ¿Es necesario llegar a
situaciones límite para corregir el error?
Las empresas petrolíferas son muy
fuertes. Un ejemplo: en 1995, Ken Saro-Wiwa, escritor y ecologista, fue
ahorcado junto con 8 miembros de su tribu, los Ogonis, en Nigeria. Su delito
fue defender sus tierras de la devastación causada en el delta del Niger
por la empresa petrolífera Shell. Las organizaciones GreenPeace y
Amnistía Internacional no pudieron evitar la ejecución de la
sentencia, dictada por un tribunal militar. La empresa Shell lleva unos 45
años operando en la zona, con el más absoluto desprecio por el
Medio Ambiente y por la salud de sus habitantes.
Otro ejemplo: la empresa BP, además de
estar ya realizando prospecciones petrolíferas en el Ártico (que
no es suyo), sin ningún respeto por éste ni por la Humanidad,
está destrozando zonas indígenas de Sudamérica para
obtener su preciado tesoro negro, abriendo pozos con normas de seguridad muy
inferiores a las que son exigidas en Europa o EE.UU. Como decía al
principio de este párrafo, las empresas petrolíferas son muy
fuertes, pero los usuarios finales lo son más, pues tienen en su mano
decidir qué consumir, a qué empresa comprarle, a qué
político votar... Además, un arma que se ha mostrado muy eficaz
es escribir cartas a empresas y políticos, expresándoles nuestra
opinión y nuestra intención de no consumir sus productos hasta
que no rectifiquen en su actuación.
Los defensores de los combustibles
fósiles, igual que los de la energía nuclear, dicen que las
alternativas (energía solar, eólica...) no son rentables
aún. Claro, no tienen en cuenta los efectos a largo plazo del
calentamiento global. Pero el fallo es aún más grave, porque
sólo tienen en cuenta el precio del petróleo en el mercado y a
este precio hay que añadir el precio, que pagamos todos, de defensa de
las fuentes del petróleo, donde la guerra del Golfo Pérsico en
1991 es su más claro ejemplo. También hay que añadir el
coste de los accidentes y negligencias que provocan vertidos contaminantes: la
devastación de valiosas zonas en Ecuador por parte de la empresa Texaco,
los accidentes de barcos petroleros (como el Exxon Valdez en Alaska o el
más reciente del petrolero Erika de Diciembre de 1999 a 110
kilómetros al sur Brest en la costa francesa de Bretaña)... y
muchos más, pues la lista es larga. Otro ejemplo, ¿cuánto
nos cuesta la contaminación que produce el hundimiento de una plataforma
petrolífera en el Mediterráneo? ¿cuántos peces mata o
contamina? ¿cuántos kilómetros de costa se ven afectados?
A menos de 20 millas del delta del Ebro,
frente a Tarragona (España) está situada la plataforma
petrolífera "Casablanca" que lleva cerca de 30 años en
funcionamiento. Existen planes para hundir la plataforma en el mar en vez de
desmantelarla, ya que esto es más "barato" para las empresas
concesionarias (REPSOL entre ellas), aunque se contamine el mar y eso
perjudique a las costas catalanas, principalmente. España tiene 5
plataformas: 2 en el Cantábrico, 2 en el golfo de Cádiz y
ésta en el Mediterráneo. Las 4 primeras están reguladas
por el Convenio Oslo-París (OSPAR) que prohibe, desde 1998, el
hundimiento de plataformas petrolíferas. Curiosamente, en el
Mediterráneo, el mar más contaminado del mundo, no existe esa
prohibición, aunque el Convenio de Barcelona para la protección
del Mediterráneo "desaconseja" el hundimiento.
Igual que en el caso del agua, también
hay voces que claman por un impuesto extra a la gasolina, siguiendo aquel
eslogan de "el que contamina, paga", y emplear ese impuesto en
producir energía limpia o plantar árboles que limpien, en la
medida de lo posible, los gases tóxicos que desprenden los coches.
Otras medidas que ya se están
barajando son prohibir el coche privado en el centro de las ciudades, reducir
el precio de transportes públicos urbanos, potenciar los
vehículos eléctricos (tranvías, trenes...), facilitar el
uso de la bicicleta (con carriles especiales, por ejemplo) y exigir a los
fabricantes de coches que empleen técnicas ya existentes para la
producción de coches de bajo consumo.
Así pues, el ahorro de energía
es una cuestión de salud y no de economía: aunque puedas pagar
tus facturas de electricidad, consume lo justo. Un mundo limpio es la mejor
herencia.
Por ejemplo, el consumo de energía de
la llamita de los calentadores que esperan la orden para encenderse es inmenso.
En todo el mundo, se estima que en un año se consume una energía
equivalente a la producida por siete centrales nucleares de tipo medio. Por
eso, los calentadores se deben encender cuando son necesarios, apagarse cuando
dejen de serlo y en ningún caso se deben dejar constantemente
encendidos.
Las consecuencias del calentamiento global no
son sólo estudiadas por ecologistas. Por ejemplo, la ONG de ayuda
humanitaria "Ayuda en Acción" (boletín 48, 1999),
afirma que el 75% del territorio de África es árido y este
porcentaje va en aumento debido a las emisiones de CO2 de los países
ricos. Y añade que el uso, en los países ricos, de tantos coches,
fábricas, centrales térmicas y nucleares, incineradoras de
basuras... no sólo no es extensible a todos los países, sino que
ni siquiera su actual ritmo de consumo es sostenible.
Por otra parte sostiene que los países
ricos son también culpables del hambre de África, porque en
África se dedican los mejores terrenos a cultivos para la
exportación (cacao, café, tabaco...) con el objetivo de pagar la
abusiva deuda externa. Los peores terrenos se dedican a cultivos para alimentar
a la población. De igual forma, la ganadería se ha desplazado a
los peores pastos. Así, los culpables del hambre en África son,
de una parte, los países ricos y, de otra, las guerras, para las que los
países ricos les venden las armas.
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