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Hoy día nadie duda de la peligrosidad
de este tipo de energía. Los accidentes en las centrales nucleares o en
plantas de almacenamiento de residuos radiactivos, como todos los accidentes,
son en gran medida evitables, pero, sin embargo no dejan de producirse y, desde
luego, no siempre pueden ser previsibles. El último fue en Japón,
en 1999. El ejemplo más claro fue el accidente de Chernóbil en
1986 en el que la radiactividad liberada fue 200 veces las emisiones combinadas
de las bombas atómicas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945.
Tras el accidente, se ha experimentado un aumento considerable de los casos de
cáncer de tiroides en los tres países más afectados:
Rusia, Ucrania y Bielorrusia. El caso más grave es el de Bielorrusia en
el que los casos de este cáncer se han multiplicado por 100. Este
cáncer ha aumentado en un 4000% entre los "Liquidadores", que
son los 800.000 trabajadores que participaron en la extinción del
incendio del reactor nuclear, recibiendo altas dosis de radiactividad.
Otro ejemplo, más reciente, lo
tenemos en las pruebas nucleares que Francia efectuó en el atolón
de Mururoa (en el Pacífico). Desde el inicio de estas pruebas, empezaron
a nacer niños deformes y discapacitados, algo totalmente inusual en la
zona hasta ese momento. Muchas personas y animales han muerto por comer
pescado, frutas o verduras contaminadas... Nosotros nos preguntamos:
¿qué pasaría si ahora los habitantes de Mururoa y sus
alrededores quisieran probar una bomba nuclear en París?.
Los daños de la radiactividad son
nefastos y por ello nadie quiere vivir cerca de una central o cerca de un
vertedero o cementerio nuclear, que son los lugares donde se depositan los
desechos radiactivos de estas centrales. Por ello, estos residuos son lanzados
al mar, donde contaminan el pescado que comemos, o, peor aún, son
llevados a países pobres, donde por 4 monedas nadie se queja.
La energía atómica es la forma
de energía más contaminante y la que genera los residuos
más contaminantes. A veces, neciamente se relaciona el uso de esta
energía con el alto nivel de vida. Para demostrar este error, basta unos
ejemplos: países SIN energía nuclear y alto nivel de vida:
Luxemburgo, Dinamarca, Noruega, Austria, Italia, Australia, Nueva Zelanda... y
países CON energía nuclear y bajo nivel de vida: India,
Paquistán, China, Bulgaria, Ucrania, Rusia, Brasil... Unos ejemplos a
seguir: Italia abandonó la energía nuclear en 1987 tras un
referéndum: todas sus centrales nucleares fueron cerradas. Suecia
decidió en referéndum cerrar sus 12 centrales nucleares en el
año 2010. En Estados Unidos, no se han proyectado más centrales
nucleares desde 1978.
La solución es muy simple y no
más cara que las centrales nucleares: aprovechar mejor los recursos de
energía limpia: energía eólica, Energía solar...
Hay que destacar el avance tecnológico de los últimos años
en energía solar fotovoltaica, la cual es muy efectiva y muy barata:
aunque hay que desembolsar una considerable cantidad inicial, en pocos
años la amortización está garantizada. Además, en
España las empresas eléctricas están obligadas, por ley, a
comprar la energía solar que produzca un particular y que no sea
consumida por éste, por lo que la inversión puede ser amortizada
en menor tiempo.
Los defensores de la energía nuclear,
que cada vez son menos, se defienden atacando a la energía solar y
diciendo que no es rentable. En realidad, la energía nuclear
sería más rentable que la solar o eólica si no produjera
residuos tan peligrosos. El coste económico del tratamiento de estos
residuos, de creación de cementerios nucleares, de medidas de seguridad
durante el funcionamiento de la central y después de su cierre y los
inmensos costes de desmantelamiento de este tipo de centrales no suelen ser
tenidos en cuenta por los defensores de esta fuente de energía sucia. A
esto, hay que añadir el coste en salud, que no es fácilmente
medible en unidades económicas.
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