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En el mes de Noviembre de 1999, el Consejo
Mundial del Agua hizo públicos los resultados de unos estudios que
indicaban que más de la mitad de los ríos del mundo están
contaminados o secos, por lo que sus aguas no pueden o no deberían
emplearse para consumo humano o riego. En esos ríos se incluyen no
sólo ríos europeos, sino también grandes ríos
asiáticos como el río Amarillo en china o africanos como el Nilo
en África. El estudio indicaba que de los grandes ríos
sólo se salvan de la contaminación el río Amazonas y el
río Congo. En el mismo estudio se concluía que los daños
al medio ambiente (incluyendo la carencia de agua potable), han provocado en
este siglo más desplazados que las guerras.
En España, por ejemplo, la
mayoría de sus ríos están contaminados y llenos de basuras
y, a pesar de ser el país europeo con mayores problemas de agua, es de
los que más se consume (o derrocha) y de los que está más
barata. Es importante saber que el agua es un bien escaso y necesario y hay que
cuidarlo al máximo para no derrochar.
Pequeñas acciones diarias nos pueden
ahorrar mucha agua: cerrar bien los grifos (los goteos consumen mucho),
utilizar bocas en grifos y duchas de las que ahorran agua (de venta en
cualquier ferretería), cerrar el grifo al cepillarte los dientes,
afeitarte, enjabonarte en la ducha o enjabonar los platos, no tirar de la
cadena innecesariamente y meter en las cisternas una o dos botellas llenas
(así se ahorra mucho y no se pierde eficacia), cerrar ligeramente la
llave de paso del agua de tu casa bajará la presión y
ahorrará más de lo que parece, no usar lavavajillas o lavadora, a
menos que estén llenos...
Muchas veces se piensa que la solución
está en construir embalses, aunque estos inunden zonas de gran valor
ecológico. Sin embargo, la auténtica solución pasa por no
derrochar agua, no contaminar la que tenemos y evitar el calentamiento global
del planeta. Claro, que a veces, pagar la multa por contaminar es más
barato que dejar de contaminar. Ya lo decía Quevedo (1580-1645),
"poderoso caballero es don dinero".
Hay que tener claro que no se trata de
ahorrar agua para gastar menos dinero. El ahorro del agua debe ser visto como
una forma de garantizarnos un mundo mejor, aunque, a veces, el egoísmo
personal no nos deje verlo. Algunas asociaciones ya han pedido un impuesto
sobre el agua que sirva para encarecerla, tomar conciencia de su
auténtico valor y que ese impuesto sea empleado en plantar
árboles o depurar aguas residuales de las que se vierten a ríos y
mares con toda su pestilencia y contaminación.
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