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Según las estadísticas, la inteligencia, la
sinceridad, y el buen carácter son las cualidades más apreciadas
por parte de los dos sexos, y casi en la misma medida ya que las diferencias no
sobrepasan en ningún caso el 5 %. Además, ambos valoran mucho la
fidelidad (el 42 % de las mujeres y el 40 % de los hombres).
Pero la diversidad humana, insistimos, parece infinita y limitarse a estas
cifras por el simple hecho de que sean la cualidades más valoradas por
la mitad de la población sería ignorar a la otra casi mitad de
las personas.
El romanticismo (30 % de ellas y 24 % de los hombres), la sensibilidad (33 y
28 %), los intereses comunes (35 y 31 %), la seguridad en sí mismo (24 y
15 %) o la salud (el 18 % de ambos sexos) son algunos de los aspectos que,
según la encuesta publicada por el CIS en 1995, son también
tenidos en cuenta a la hora de elegir pareja.
Curiosamente, y contradiciendo a tantos y tantos seductores de la noche, la
accesibilidad sexual no supera un 5 % de preferencia, y la destreza en la cama
no pasa del 6. El hombre valora más que la mujer el atractivo
físico (un 26 % frente al 13 % de ellas) y la feminidad para ellos es
mucho más importante (16 %) que la virilidad para las mujeres (4 %).
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Ellas, en cambio, valoran más que ellos la cultura
(16 % frente al 14 % de ellos), la seguridad en sí mismo (24 % frente al
15 %) y la generosidad, que tienen en cuenta un 20 % de las mujeres y
sólo un 16 % de los hombres.
Pero no todo se limita a estos aspectos conscientes. Con mucha frecuencia,
una persona que cumple perfectamente los "requisitos" de nuestra
personalidad no termina de encajar como pareja. Y es que este tipo de
relación es quizá la parte más complicada de nuestra
psicología.
Existen factores determinantes de los que no somos conscientes y que pueden
ser físicos como la cercanía en los domicilios, sociales como la
búsqueda de intereses comunes que eviten puntos de fricción, o
psicológicos como intrincados mecanismos mentales que buscan en la
relación la reproducción de una añorada situación
emocional vivida en la niñez.
Por si fuera poco, la clase social, los estudios, las amistades, las
relaciones familiares, las experiencias pasadas, el ambiente en que vivimos...
y otros mil factores tienen todavía mucho que decir en la actitud de
cada uno hacia el sexo opuesto. |
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