Existe la tendencia natural, quizá incitada por el ego humano y
potenciada por la tradicional forma de enseñanza de la historia, a creer
que una civilización nueva es siempre mejor que la anterior porque
incorpora todas sus virtudes, y les añade otras nuevas. La realidad, en
cambio, es muy diferente.
Y nos encontramos con que civilizaciones antiguas vivieron un florecimiento
social y cultural que no sólo fue superior al brutal occidente de la
Edad Media, sino que en muchos aspectos fueron incluso superiores a nuestro
tiempo. Los mayas en América, los Fenicios y los Iberos en el
Mediterráneo son algunos ejemplos de este fenómeno.
Los Iberos ocuparon entre los siglos VI y I a.C. una franja entre
Andalucía y el Languedoc, paralelamente al Mediterráneo en el que
se centraban entonces las grandes culturas occidentales.
Por aquellos tiempos, el mundo explorado se limitaba por el nordeste en el
Cáucaso y por Occidente en lo que los griegos llamaron Iberia: un
terreno poblado por una serie de pueblos independientes aunque parte de la
misma etnia. Más allá, las columnas de Hércules, paso del
Mediterráneo al gran mar... y al fin del mundo.
Los Iberos heredaron la importancia que, con sus contactos a través
del Guadalquivir, habían llegado a adquirir los Tartesios. Cuando
éstos declinaron hacia el siglo VI a.C., los iberos recibieron de los
fenicios los regalos con que intentaban fomentar sus buenas relaciones.
Estos regalos, destinados a los jefes de las tribus, crearon una
diferenciación económica hasta entonces desconocida, determinando
un prestigio social y de poder a partir de la posición de estos objetos.
Pronto, la creatividad de los iberos imitará las imágenes
fenicias, especialmente leones, ciervos, esfinges, grifos... Los iberos
aprenden a organizarse para controlar sus recursos económicos, con los
que establecen con los fenicios un libre comercio con beneficio para ambas
partes.
La riqueza natural de la Península, en especial de minerales como el
cobre, plata, plomo, oro y el entonces tan preciado hierro, propició la
creación de colonias comerciales griegas y fenicias que establecieron un
importante flujo comercial hacia el Mediterráneo.
Puertos como Eivissa, Cádiz y Empúries dominaban el comercio
marítimo mientras la llamada vía Heraklea llegaba por tierra al
valle del Guadalquivir desde el norte de Italia. |
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