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El masaje es
quizá la mejor y más sencilla forma de relajar el cuerpo.
Establece una profunda comunicación entre los cuerpos de las personas,
respondiendo así a la necesidad más básica de las
relaciones interpersonales como es el intercambio de afecto.
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El ambiente debe ser
relajante y distendido, con iluminación suave, temperatura cálida
y sonido ambiental sin estridencias. Ambos participantes deben estar totalmente
desnudos y haber establecido una unión sentimental aunque no sea
imprescindible que lo consideren amor.
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El comienzo es
suave y aumenta progresivamente en intensidad, presión y frecuencia.
Puede aplicarse con las manos, los dedos, los labios o incluso con todo el
cuerpo, y es imprescindible que se disponga de suficiente tiempo para permitir
un acercamiento relajado y sin presiones.
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El masaje sexual debe establecer un equilibrio entre
los dos lados del cuerpo, evitando que la estimulación de uno de ellos
deje al otro a la espera de su parte. De lo contrario, el cerebro recibe una
señal diferente de las dos hemimitades del cuerpo.
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Según la doctora
Penny Slinger, de la Universidad de Minnesota, el masaje sexual se desarrolla
en tres fases. La primera establece un equilibrio entre cuerpo y mente
manteniendo el mencionado equilibrio entre los dos lados del cuerpo. Se
desarrolla mediante estímulos suaves en la piel de todo el cuerpo, con
especial incidencia en las sienes y al final en la columna
vertebral.
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Una segunda fase contempla la
estimulación de las zonas erógenas, evitando un contacto
inmediato con los genitales que podría provocar angustia y una necesidad
precoz de orgasmo. En esta segunda parte, se estimula la línea que
recorre desde la nuca hasta la parte lateral de la pelvis, pasando por los
pezones y la cintura y dedicando especial atención a las orejas, que
concentran la representación de todos los órganos sexuales.
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La tercera fase se dedica directamente a las zonas
genitales. Su aplicación depende de los gustos y tolerancia de cada
persona, ya que la sensibilidad de estas zonas varía mucho dependiendo
de cada uno. En cualquier caso, su finalidad no es el orgasmo propiamente
dicho, motivo por el cual muchos sexólogos no lo consideran parte del
masaje sexual, sino algo directamente sexual.
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El término
petting define la práctica sexual que persigue la estimulación
sexual sin coito. De esta forma se practican diferentes técnicas como
los besos, la mutua masturbación, las caricias, el sexo oral, etc.
excepto la introducción del pene en la vagina.
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La mayor difusión del petting
vino en los años setenta como consecuencia de los estudios que el
matrimonio Masters y Johnson desarrollaron sobre la aplicación de esta
técnica en disfunciones sexuales como la anorgasmia, el vaginismo y la
frigidez. En la actualidad ha cobrado un nuevo auge como prevención del
SIDA y otras enfermedades venéreas.
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La mujer no requiere una estimulación sexual
tan directa y centrada en los órganos genitales, la extensión de
sus zonas erógenas es mayor y su imaginación es más
amplia, por lo que este tipo de técnicas le resultan muy agradables. En
cambio el hombre tiene menos paciencia y una urgencia pélvica que le
predispone menos a relaciones sin penetración.
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En cualquier caso, este
tipo de relaciones no deben ser aceptadas siempre como aconsejables. El petting
debe interpretarse como una forma más de placer, sin suponer una
negación de las ventajas del coito ni un escape para evitar afrontar las
represiones y los miedos ante la pérdida de la virginidad o la
penetración.
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