|
La Leyenda Negra
|
Para justificar su rebelión en los Países Bajos, Guillermo de
Orange inició la que se ha llamado leyenda negra de Felipe II, y que
gozó de gran aceptación hasta tiempos relativamente recientes.
Por este motivo se ha tenido del monarca una imagen totalitaria,
fanática e intolerante.
|
El Príncipe Carlos
 
  |
El principal argumento de esta leyenda fue su pretendida participación
en la muerte del príncipe Don Carlos, a la que se atribuyeron amores
correspondidos con su madrastra Isabel de Valois, motivo de la ira del rey y de
la muerte de ambos.
Una regia historia de amor como ésta, representativa de la lucha
entre la juventud y la caducidad, a la que se añaden la
Inquisición, los abusos de los españoles en América y los
excesos de las tropas del rey, por otro lado perfectamente normales en su
época, dieron cuerpo a un mito que perduró durante siglos y
aún fue utilizado en el siglo XIX por artistas como Schiller, Alfieri y
Verdi.
El príncipe Don Carlos era, a juicio de todos los historiadores, una
persona enormemente desequilibrada y exageradamente excéntrica, cuyos
males se agravaron aún más tras una caída sufrida en
Alcalá de Henares cuando se dirigía a visitar a una sirvienta en
1562 y que estuvo a punto de costarle la vida.
Enterado de que mantenía contactos con los rebeldes de los
Países Bajos y que planeaba una fuga para ser coronado allí, su
padre lo hizo encerrar en una de las torres del Alcázar de Madrid,
demostrando su responsabilidad como rey aún por encima de sus
sentimientos como padre.
|
El asunto Pérez
 
 
 
 
|
Don Juan de Austria nació en 1545, fruto de la relación del
emperador Carlos V con Bárbara Blomberg. Fue educado en
Villagarcía de Campos hasta que su padre lo reconoció y se lo
encomendó a su hermano el rey Felipe II.
Nunca fue titulado de infante, pero después de estudiar en la
Universidad de Alcalá de Henares, destacó como militar en las
campañas contra los moriscos en el sur de la Península y
comandando la flota de la Santa Liga en la victoriosa batalla de Lepanto
(1571). Nombrado gobernador de los Países Bajos por presiones papales,
destacó entonces como diplomático, aunque murió en 1578
antes de que su política pacificadora pudiera dar frutos.
Antonio Pérez era el secretario del rey Felipe II. Envuelto en las
intrigas y conspiraciones del poder, se mantenía alineado con los
partidarios del príncipe de Éboli y más tarde de su viuda,
heredera del poder de aquél. Juan de Escobedo, otro de sus partidarios,
era secretario de Don Juan de Austria y ambos intercambiaban informaciones y
favores de forma clandestina.
Cuando Escobedo amenazó a Pérez con divulgar su
relación a menos que éste apoyara las pretensiones de Don Juan de
Austria en los Países Bajos, el secretario del rey aprovechó la
animadversión que éste sentía hacia Escobedo para
convencerle de que era un conspirador y un traidor. Hoy parece probada la
participación del rey en la traicionera muerte de Escobedo, ejecutada
por "Razón de Estado".
Al enterarse el rey del manejo sufrido, hizo sustituir al secretario y
acusarle de cohecho y corrupción. A la vez que él fue detenida la
princesa de Éboli y condenada, sin proceso ni defensa, a vivir encerrada
hasta su muerte en 1592. El secretario fue puesto en libertad mientras se
resolvía su caso, al que luego se añadió la
acusación de asesinato por la muerte de Escobedo por el testimonio de
uno de los matarifes.
Once años después de su detención fue condenado a
muerte, pero antes de ser ejecutada la sentencia, escapó a Aragón
de donde provenía su familia y consiguió asociar su causa a los
derechos garantizados por los fueros de Aragón. Temerosos de perder sus
privilegios, los aragoneses se enfrentaron al rey en su defensa y provocaron
varios motines que justificaron la entrada de las tropas del rey y la
ejecución del Justicia Mayor del Reino.
Pérez huyó a Francia, donde aprovechó, hasta su muerte
en miserables condiciones en 1611, la rivalidad contra España.
Publicó varios folletos y libelos contra Felipe II e incluso contra
Castilla, aportando argumentos para la leyenda negra del rey.
|
"Escoged buenas personas, desapasionadas para los
cargos, y en lo demás no os pongáis en sus manos solas, ni ahora
ni en ningún tiempo, antes tratad los negocios con muchos, y no os
atengáis y obliguéis a uno solo, porque, aunque es más
descansado, no os conviene..."
(Instrucciones del Emperador Carlos V a su hijo Felipe en
1543) |
|