Felipe II, El Rey Prudente
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El Trabajo de Rey












Felipe II en 1555.


Su jornada laboral ocupaba casi todas las horas hábiles del día, y se concentraba en revisar y anotar los innumerables despachos, asuntos y solicitudes llegados de todas partes del imperio. Su capacidad de trabajo era prodigiosa, pero evitó lo más posible delegar sus responsabilidades para evitar que nadie acumulara demasiado poder.


Al contrario de lo que suele creerse, no fue un rey sedentario y enclaustrado en El Escorial, sino que viajó largamente por Inglaterra, Países Bajos, Alemania, Italia, el Mediterráneo y el Atlántico, Portugal y Aragón. Incluso en Castilla su movilidad era continua, hasta que en sus diez últimos años de vida la enfermedad lo obligó a moderar sus viajes.

España no existía como tal por entonces, sino que era una confederación de provincias y reinos sobre las que Castilla ocupaba una importante situación. Felipe II respetó las diferencias y derechos de cada lugar, y viajó por todas las provincias de Castilla para conocerlas personalmente.

Al contrario que la mayoría de los gobernantes de todos los tiempos, Felipe II no disfrutaba con el poder. Consideraba su tarea insoportable pero, en palabras de Henry Kamen, profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, "la aceptaba con una convición absoluta de su obligación hacia su pueblo y hacia Dios." El mismo monarca dejó constancia de ello en sus instrucciones para su hijo: "El ser Rey, si se ha de ser como se debe, no es otra cosa que una esclavitud precisa, que la trae consigo la Corona".


Supuesta crueldad





Felipe II


Era un rey estricto e inflexible en sus decisiones, pero no puede considerársele cruel. Parece probado que no ordenó la muerte de su hijo don Carlos ni su esposa Isabel de Valois, como se difundió en su llamada "leyenda negra". Tampoco disfrutaba con las ejecuciones y ajusticiamientos, que cuando resultaban inevitables eran ejecutados por decisión del Consejo Real y nunca por decisión individual del monarca.


Incluso en las rebeliones de los Países Bajos y de Aragón por culpa de Antonio Pérez, nunca actuó con violencia y despecho, sino que buscó en la medida de lo posible soluciones dialogadas y aún se preocupó de que los vencidos no recibieran un trato violento. Padeció gota desde 1563, hasta el punto de que al final de su vida apenas le permitía firmar de forma ilegible, y a partir de 1572 empezó a sufrir cefaleas y fiebres intermitentes, de origen nunca aclarado.


El Imperio Español bajo el reinado de Felipe II



Su obra política







Bajo su mandato se estableció una capital fija por primera vez en España, se perfeccionó la burocracia, se hicieron los primeros censos para que el rey pudiera conocer exactamente los recursos de los diferentes reinos que formaban su imperio, se definió el sistema de consejos para asesorar al rey y ejecutar sus disposiciones. También realizó una codificación legal, mantuvo los municipios bajo control y reforzó la autoridad legal sobre la Iglesia.


Su mayor éxito fue la unificación pacífica de la Península al ser coronado rey de Portugal y su imperio en 1580. También logró una expansión muy importante hacia las Indias y el Pacífico (las Islas Filipinas llevan su nombre) y sonadas victorias como la de Lepanto, que conjuró históricamente la amenaza turca a Europa. Como aficionado al arte y las antigüedades, se esforzó en difundir en España el arte de Holanda y de Italia, la tecnología de Alemania y la biología de América.

Sin embargo, también tuvo fracasos, como la ya mencionada guerra contra Inglaterra o la de los Países Bajos. Pero sus mayores dificultades, anticipo ya de la política de siglos venideros, fueron económicas. A pesar del enorme flujo de caudales desde América, hubo de declarar varias bancarrotas para evitar los pagos a sus banqueros. Instauró nuevos impuestos sobre las rentas eclesiásticas, los artículos de primera necesidad e incluso los cereales.

España se convirtió en el país más caro de Europa, y los súbditos criticaron el aislamiento del rey, ocupado en altos ideales mientras los ciudadanos soportaban dificultades. La costosa construcción de El Escorial fue la culminación de su aparente insensibilidad, y en su aislamiento se recluyó durante sus últimos años soportando una dolorosa enfermedad renal, probablemente nefritis agravada con una progresiva esclerosis, pero sin dejar de trabajar hasta su muerte el 13 de septiembre de 1598.
Felipe II poco antes de su muerte en 1598.


 

(sigue 3/4)

 

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