Felipe II, El Rey Prudente
Felipe II - El rey prudente Felipe II - El rey prudente




Vida familiar









Las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela en 1568.







Ana de Austria


Casó con su prima María de Portugal a los 16 años, pero pronto enviudó al nacer su primogénito, el príncipe Carlos. Se convirtió en rey consorte de Inglaterra al desposar a su tía carnal, once años mayor, María de Inglaterra, con el objetivo político de acercar a Inglaterra al catolicismo y a la corona española.

Tras regresar a España, ya no volvió a salir de la Península. Enviudó por segunda vez en 1558 y tras casarse de nuevo en 1560 con la infanta francesa Isabel de Valois, con la que disfrutó de ocho años de felicidad conyugal y que le aportó dos hijas: Isabel Clara y Catalina.

La misteriosa muerte del príncipe Carlos le dejó sin heredero a la vez que dio inicio a la llamada leyenda negra del rey. La versión más aceptada defiende para el príncipe un carácter enfermizo y violento que aborrecía a su padre y que hubo de ser encerrado para evitar su plan de huir a Flandes. Allí murió en circunstancias no aclaradas, pero difícilmente, como se ha dicho, por orden de su padre.

Su cuarto matrimonio, oficiado en 1570 con su sobrina Ana de Austria, veinte años menor, le aportó por fin un heredero varón, el príncipe Felipe. Ella fue su mayor amor y tras su muerte en 1580, el rey se vistió de luto para expresar públicamente su dolor y su deseo de no volver a contraer matrimonio. De esta época datan los cuadros que han aportado a su historia la imagen adusta y oscura que ya hemos mencionado.

Las cartas a sus hijas muestran a un padre afectuoso y cariñoso, preocupado por su crecimiento y que lamenta hallarse lejos. Su vida privada estuvo teñida de desgracias en mayor proporción, incluso, de lo que era normal en aquella época. Así, vio morir a sus cuatro mujeres (se dice que amó a las dos últimas), a su hijo Carlos Lorenzo con dos años, a María con tres, Fernando y Diego Félix con siete y a Catalina Micaela con treinta años.


Fervor religioso
















Felipe II con el hábito de Gran Maestre del Toisón de Oro


Profundamente religioso, Felipe II se sentía responsable de la marcha de la Iglesia en sus territorios, por lo que mantuvo un control muy estricto sobre los eclesiásticos, y eso le valió la animadversión de los papas, en especial de Pío V y Paulo IV. Algunas de las guerras que emprendió respondieron tanto a motivos religiosos como políticos, y su rechazo al protestantismo fue tajante y definitivo en los autos de fe de Valladolid y Sevilla.

Asistía a misa a diario y comulgaba cuatro veces al año, y es bien conocido su apoyo a la Inquisición, cuya mayor demostración quizá fue su apoyo al proceso del Arzobispo Carranza, juzgado por herejía a partir de indicios de gran debilidad, lo que llevó al Papa Pío V a presionar el traslado a Roma de la causa abierta. "Lo de la religión es mi principal fin", afirmó en 1590. Sin embargo, y a pesar de este apoyo, las muertes causadas por la Inquisición durante su reinado fueron inferiores a las de cualquier otro reino europeo de importancia.

Sin embargo supo también anteponer sus responsabilidades políticas a sus intereses religiosos, como demostró con su resistencia ante las provocaciones de Isabel, que subió al trono de Inglaterra después de la segunda muerte de Felipe II. Inglaterra carecía por entonces de la importancia que adquiriría después, pero tenía gran interés estratégico en la tradicional rivalidad entre España y Francia.

De hecho, cuando finalmente decidió guerrear contra Inglaterra, no lo hizo tanto por las persecuciones a católicos o la muerte de María Estuardo como por la actividad de los corsarios ingleses o la necesidad de resolver la hostilidad de Inglaterra para poder vencer en Flandes. La armada española no era tan invencible como proclamaba su sobrenombre, pero sin duda fue la más importante de su época, y lo siguió siendo después de la afamada derrota de 1568.


A pesar de su fervor religioso, se considera demostrada la existencia de una serie de amantes a lo largo de toda su vida, aunque siempre disimuladas por una discreción que aunque muy conveniente no era imprescindible en una época en que estas aventuras no resultaban nada excepcional. De ojos azules, cabellos rubios y lo que se ha dado en llamar facciones nobles, ya en su mocedad se le conocen varias pasiones, aunque nunca permitió que se interfirieran en sus responsabilidades.

 

(sigue 2/4)

 

 Página AnteriorPortada actualPágina siguiente
Otros ArtículosPágina de Inicio de LéctornetSuscripción Gratuíta



BUSCA OTROS TEMAS EN LECTORNET
Powered by FreeFind


RECOMIENDA ESTA PAGINA A TUS AMIGOS
Escribe tu nombre Email de tu amigo/a