El Hundimiento de Port Royal

Hoy, su aparición sería considerada una
hábil estrategia de marketing. Entonces fue
una opción lógica y una idea brillante.
Pronto se convirtió en una moderna Sodoma,
escenario y protagonista de la vida más
desenfrenada, los más aberrantes crímenes
y los más perversos vicios. Pronto, también,
desapareció como la ciudad bíblica,
tragada por la tierra.

 

 

Durante el siglo XVII, Inglaterra se hallaba en guerra con España. En 1655, en el transcurso de la contienda, los británicos consiguieron arrebatar a sus adversarios la isla de Jamaica, cuya posición estratégica en la ruta que transportaba los tesoros de México y Perú supuso el control de una vasta zona marítima.

Frente a la actual bahía de Kingston se situaba un islote de arena en el que los españoles solían carenar sus galeones. Los ingleses, en cambio, optaron por fortificar su estrecha entrada y crearon así un inexpugnable puerto para más de quinientos navíos. Durante cinco años, una flota de tropas y obreros continuaron las obras hasta que Carlos II hizo regresar a la escuadra para reducir gastos.

 

 

Los habitantes de la isla tuvieron la idea de convertirla en un puerto de piratas dando patente de corso a todo el que la solicitara, con lo cual un navío armado de propiedad particular quedaba autorizado a efectuar operaciones de guerra a cambio de pagar veinte libras esterlinas y llevar a Port Royal el botín capturado, del cual la corona cobraba la quinceava parte.

La riqueza de Port Royal se incrementó conforme más galeones españoles eran saqueados, y con ella también aumentó la animación y perversión de la ciudad. En la calle de la Reina, las fastuosas casas eran amuebladas con el mejor lujo del mundo y sus precios eran más elevados que en el centro de Londres. Tenía una taberna cada diez habitantes y las prostitutas aparecían en gran número dispuestas a hacer fortuna. Pronto hubo tantos burdeles como en París.

 

Los piratas gozaban de total impunidad para sus crímenes, y eran tratados ceremoniosamente por ser el origen del dinero que cambiaba de manos. Célebres y sanguinarios piratas como Morgan y Duncan utilizaron la isla como su base y centro de aprovisionamiento. Los derroches de los piratas después de las incursiones eran legendarios. El lujo y la perversión siguieron siendo los mayores del Nuevo Mundo aún después de que Inglaterra se comprometiera a terminar con la piratería. Port Royal nunca fue atacado con éxito. La ciudad llegó a tener 7.000 habitantes, que habitaban 2.000 edificios.

 

Un testigo describió la dantesca imagen: "La tierra se levantaba y se hinchaba, como hacen las olas; en muchos lugares el suelo se resquebrajaba entre crujidos, se abría y se cerraba en rápidos movimientos, tragándose a muchas personas, o atenazándolas por la mitad del cuerpo hasta que morían. A todo esto hay que sumar el ruido que, al desplomarse, hacían las montañas a lo lejos. El cielo se volvía de color rojizo, como si fuera un horno ardiendo".

 

 

 

 

El 7 de junio de 1692 parecía desde su comienzo un día tranquilo. De repente, a las 11,43 de la mañana empezó a notarse un terremoto. A poco, la torre del campanario de la iglesia de San Pablo se derrumbó y a ella siguió toda la iglesia. Las calles más transitadas, la mansión del Gobernador, los almacenes reales, se resquebrajaron y desaparecieron bajo las aguas. En menos de diez minutos más de dos mil personas habían muerto, y sus cadáveres se reunían en las playas con los arrancados por las aguas de las tumbas del cementerio. Otras mil personas murieron por sus heridas o por las enfermedades en el mes que siguió al desastre. Los barcos fueron arrancados de sus anclas por olas gigantescas que los aplastaron contra otros o los lanzaron contra tierra. La parte más populosa de la ciudad se hundió bajo las aguas. Con ella se hundieron la mayoría de los barcos, cargados de oro y plata, los lujosos edificios y el banco local, donde estaba depositado la mayor parte del oro pirata.

 

La base de la isla eran arena y sedimentos apilados en las laderas de un peñasco de piedra caliza en forma de V. El terremoto sacudió estos cimientos, y el noventa por ciento de la ciudad se hundió a una profundidad de entre seis y quince metros bajo el mar. Hoy, estas explicaciones científicas desmitifican lo que fue considerado un justo castigo de Dios a las atrocidades de la ciudad y su corrompido carácter.

Al cabo de un tiempo, la mayoría de los habitantes se trasladaron a Jamaica donde fundaron la ciudad de Kingston, pero antes, al anochecer de aquel fatídico día de 1692, regresaron a sus costumbres. Las pocas tabernas que habían sobrevivido hicieron una fortuna, y la peculiar raza de los habitantes de Port Royal se entregó una vez más a la bebida, las mujeres, el crimen y la blasfemia, como si con ello quisieran despedirse de sus compañeros muertos, o como si la desaparición de éstos no les importara nada.

 

 


Fotografías: Donny L. Hamilton, Institute of Nautical Archeology
Más información: http://www.awebtown.com/community/scuba/rbowen/rbw02000.htm
http://whyfiles.news.wisc.edu/036pirates/lost_city.html
"Una ciudad que se ahogó" J.D.Ratcliff, "Selecciones del Reader´s Digest", Nov 1969

 

 

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