Minnie Marx, fracasada en el mundo del espectáculo a pesar de todos
sus esfuerzos, se empeñó en que alguno de sus hijos triunfara
donde ella no había podido. Y lo hicieron todos: Leonard
"Chico" Marx (1887-1961), Adolph "Harpo" Marx (1888-1964),
Milton "Gummo" Marx (1897-1977), Herbert "Zeppo" Marx
(1901-1979) y por supuesto el cabecilla: Julius "Groucho" Marx.
Julius Marx nació en 1890 como el cuarto hijo de Sam y Minnie. El
primogénito, Alfred, murió a los tres años, dos antes de
nacer Groucho, y cuando Chico y Harpo contaban respectivamente dos y tres.
Todos ellos se vieron sometidos, desde muy pronto, a las incansables presiones
de su madre, Minnie, que supusieron para Julius no poder terminar la escuela
primaria y cambiar su vocación de médico por la del mayor
cómico del cine sonoro.
Después de una temprana carrera en teatro de variedades, en el que
Julius protagonizaba los solos favorecido por su hermosa voz infantil, dieron
un salto adelante con el estreno en Broadway de su obra "I´ll Say She
Is" en Mayo de 1924. Le siguieron otras dos obras con más
éxito y en 1925 su primera película muda, "Humorisk",
que nunca se llegó a estrenar y en la actualidad se considera perdida.
Se dice que a Groucho le pareció tan mala que le prendió fuego.
Su excentricidad, rayante en la locura, no fue sólo una pose
artística, sino que la hicieron su forma de vida allí adonde
fueron, casi siempre sin haber sido invitados.
A los treinta años, Groucho se casó con Ruth Johnson, de 19, a la
que había conocido el año antes. En 1921 nació su hijo
Arthur, al que seguirá Miriam en 1927. Minnie Marx falleció en
1929 y cuatro años después la siguió su esposo.
El matrimonio de Ruth y Julius no fue bien y terminaron divorciándose en
1942. Pero la vida sigue, y al año siguiente Julius conoció a
Cathrine Marvis Gorcey, de 22 años, con la que se casaría en
1945. Al año siguiente bautizaron a Melinda, y finalmente en 1951 un
nuevo divorcio terminó con su relación.
Suele decirse que era entre los hermanos el que más necesitaba el
aplauso y la risa del público, y que al igual que Harpo, hacía de
cada estreno un momento de la máxima tensión, siempre temiendo un
fracaso. Sin el apoyo de sus hermanos y su madre, probablemente no
habría podido resistir su profesión.
Por encima de todo se recuerda su aguzado ingenio, su respuesta rápida y
la genialidad de sus sentencias, que han dado lugar a que sus citas sean objeto
de un verdadero culto por sus admiradores, que él ya supo anticipar
cuando dijo "Citadme diciendo que me han citado mal".
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