Sexo: cada cuánto?


 Sexo, cada cuánto?
Sexo, cada cuánto?

Casi todas las parejas experimentan problemas relativos a la frecuencia con que mantienen sus encuentros sexuales. Esto es inevitable, pero no es necesario que estas diferencias amenacen la vida en común. Ambas partes deben ser razonables y ceder una parte de su terreno en beneficio de la pareja.

la normalidad y desviación

El concepto de lo que es normal en la vida sexual esconde con frecuencia más ignorancia e inseguridad que ninguna referencia real. Tradicionalmente se han seguido patrones para definir cómo debería ser nuestra actividad, tomando como referencia la opinión de prohombres y personajes destacados.

Así, Sócrates defendió una separación entre actos sexuales de diez días. Mahoma recomendó una semana y Lutero admitió dos veces por semana. En nuestra época se sigue más bien la opinión del neurólogo berlinés J.H. Schultz, que definió la escala del ritmo sexual posible entre siete veces al día y siete veces en toda la vida.

Investigaciones como las de Schlegel o Kinsey han puesto de manifiesto una predisposición congénita hacia el sexo, que relaciona la frecuencia de la apetencia sexual con factores como la aparición de la llamada fuerza instintiva.

En base a estos estudios se considera probado que, en el varón, una mayor precocidad en la llegada de la pubertad coincide posteriormente con una mayor frecuencia en la apetencia sexual.

La mujer alcanza la madurez sexual con un nivel bastante bajo en su necesidad sexual, que va aumentando poco a poco hasta los 30 o 35 años. Entonces alcanza su máximo nivel, que se mantiene durante muchos años.

El hombre experimenta ese punto máximo inmediatamente después de su madurez y lo mantiene hasta los 30 o 35 años en que empieza a descender lentamente.

La educación influye también considerablemente en el instinto sexual de la persona. La severidad, la represión de los instintos y la asimilación del sexo al pecado, pueden producir en el adulto una reacción, consciente o inconsciente, que reduzca su apetencia sexual o por el contrario que lo incremente considerablemente.

Las clases sociales más elevadas, además, suelen estar más influidas por la educación y las consideraciones sociales en todos sus actos, por lo que también en el aspecto sexual experimentan con más frecuencia estos condicionantes, especialmente las mujeres.

El instinto sexual de la mujer oscila enormemente a causa de condicionantes del entorno, como pueden ser los niños, la familia, los problemas económicos, la indiferencia amorosa del hombre o las diferencias en el entendimiento entre ambos miembros de la pareja.

Existe un desequilibrio importante entre la apetencia sexual en el hombre y en la mujer, pero además de este factor consecuente al sexo, las necesidades y capacidad receptora de cada persona están condicionadas por la edad, la salud y la situación mental de cada época en la vida de la persona, incluso en menor medida por el ambiente y la educación.



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