ASTORGA

Astorga Astorga

 Quince años antes del nacimiento de Cristo tuvo lugar la fundación de Astúrica Augusta, hoy Astorga, por deseo del Emperador Augusto a raíz de las guerras cantabroastures.
  Adquirió importancia en el siglo I, cuando le fue concedida la capitalía del convento jurídico asturicense, una especie de demarcación judicial que la situó en un lugar preeminente del Noroeste peninsular, junto con Lugo y Braga.  
 
La historia de la ciudad está plagada de invasiones y saqueos: los godos de Teodorico en el 457, los árabes de Tarik y Muza en el 714, y de nuevo Almanzor en el 987 en la que habría de ser la última incursión sarracena en el noroeste.
  En este contexto no es de extrañar que una de las prioridades del conde Gatón, cuando repobló la ciudad en el 854 tras la primera invasión árabe, fuera reconstruir las murallas.  
  Y sin embargo, con la excepción de esa fulgurante expedición de Almanzor, la invasión que habría de sufrir la ciudad no podía, ni debía, ser detenida con murallas. A lo largo de la Edad Media, en efecto, cobró importancia el carácter peregrino del desde entonces llamado Camino de Santiago.  
 
  Superpuesta a la calzada romana que a su vez seguía el trazado de la secular peregrinación hacia el "fin del mundo" de los pueblos y culturas mediterráneos, la ruta hacia Santiago trajo a Astorga la cultura, las ideas y las costumbres de muchos y muy diferentes lugares.  
 
La ciudad se convirtió, junto con Burgos, en la más importante del Camino, contabilizando hasta 24 hospitales para albergue y descanso de los peregrinos.
  Tras el declive del fervor religioso, la ciudad vive una época más tranquila durante los siglos XVI a XVIII. Pero la invasión francesa de la Península encuentra en Astorga uno de sus adversarios más enconados.  
  La población de la ciudad, al mando del general Santocildes, exige al invasor una derrota tan costosa que los franceses situarán el nombre de Astorga entre las victorias más heroicas del arco de la Estrella de París.  
  Dicen unos que por desgracia, y otros que por suerte, la capital de la provincia recayó en León, librando a Astorga de un desarrollo que sin duda habría vencido su tranquilidad y calma tradicionales, y que ni siquiera su evolución hacia centro industrial y comercial de su entorno ha logrado trastocar.  



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