| A pesar de la gran importancia estratégica que Ponferrada
tuvo desde tiempos antiguos, fue a partir del siglo IX cuando cobró su
mayor importancia. El descubrimiento entonces de la tumba del apóstol
Santiago convirtió Compostela en un centro de peregrinación cuya
importancia perdura en nuestros días. En el siglo XI, el obispo de
Astorga ordenó la construcción de un puente para dar servicio a
los peregrinos. Este puente fue reforzado con hierro y así se le
llamó Pons Ferrata.
Después de
una rápida expansión, el poblado que fue creciendo en torno al
pueblo fue donado a la Orden del Temple en 1178. Los monjes de la Orden
reconstruyeron una pequeña fortaleza romana destruida por los godos,
fortaleciendo posteriormente con cal y canto la muralla original. En 1282 ya
está en condiciones de proteger el paso de los peregrinos.
Tras la
disolución de la Orden en 1312, el castillo va pasando, entre otros, por
las manos de la corona de León, los señores de Lemos y Sarria y
la familia de los Castro. Durante el reinado de Pedro I el Cruel, la fortaleza
perteneció a su hermano D. Enrique de Trastámara, y alojó
a Dª Juana de Castro, la repudiada esposa del rey. Finalmente los Reyes
Católicos, que toman posesión de él en 1486, nombran
alcaide al Marqués de Villafranca, que termina comprándolo en
1558.
Durante su
posesión por Pedro Fernández de Castro se reformaron las torres
de la fortaleza vieja, y posteriormente D. Fadrique Enríquez, duque de
Arjona comenzó la construcción de la Torre del
Rastrillo.
A Pedro Alvarez Osorio se
deben importantes obras en el recinto, como finalizar la Torre del Rastrillo,
la Nueva Torre del Homenaje, la de Cabrera y la de Monclín, el velador
de los azulejos, la Sala de Armas y la bodega. También es obra suya la
incorporación a los símbolos del castillo de la misteriosa Thau
griega que posteriormente fue confundida con la cruz templaria dando lugar a
muchas elucubraciones sobre su origen.

Las torres y la terraza de la Puerta
desde la Ronda Baja |
Entre los siglos
XV y XVI se fortalece la torre de Malvecino y se construye la de Juan de
Torres, la mina o Coracha y sus baluartes. Llegó prácticamente
intacto hasta 1811, en que se dispuso la voladura de las fortalezas interiores
para evitar que cayeran en manos de los franceses, que al conquistar Ponferrada
en 1809 se habían alojado en el Ayuntamiento y el Convento de la
Concepción.
Reducido a un
montón de escombros, sus piedras fueron utilizadas para construir por
parte del Ayuntamiento unas cuadras públicas y un mercado adosados a las
murallas y que aún se conservan. Las autoridades llegaron incluso a
vender las piedras de los muros para construir casas en la ciudad.
La Real Academia
de las Bellas Artes de San Fernando ordenó al Ayuntamiento en 1880
reconstruir los muros al estado en que estaban cuando les fue cedido, aunque
sin exigir el derribo de las casas adosadas a las murallas de forma ilegal y a
costa de la desaparición del foso. Tal requerimiento no fue atendido,
sino que el interior del castillo fue arrendado a particulares para convertirlo
en terreno de cultivo.
En 1923, el Ayuntamiento
tampoco tomó partido cuando un grupo de jóvenes decidieron crear
un club deportivo construyendo un campo de fútbol en el interior. Para
ello derribaron muros y destrozaron elementos de gran importancia.
Por fin, en 1924
fue declarado Monumento Histórico Artístico. El progresivo
deterioro que el tiempo ha ido produciendo en los más de 8000 metros
cuadrados del edificio llevó en 1994 a la elaboración de un
"Plan de Viabilidad del Castillo de Ponferrada" por parte de
un equipo dirigido por el arquitecto Fernando Cobos.

Una saetera de la
Ronda Baja |
Desde 1996, y con
cargo a fondos aportados por el Ministerio de Cultura, la Junta de Castilla y
León, la Diputación Provincial de León y el propio
Ayuntamiento de Ponferrada, se han venido realizando diversas obras de
emergencia para garantizar su permanencia y recientemente se ha realizado
también una propuesta de restauraciones que habrá de llegar a la
"recuperación total del Castillo, apenas
iniciada".
La ciudad de
Ponferrada posee algunos atractivos, como la Basílica de la Encina de
cuya imagen dice la tradición que fue escondida en el tronco de una
encina para protegerla de los sacrilegios de los invasores árabes y
allí fue encontrada siglos después por los templarios cuando
cortaban madera para reconstruir el castillo romano. También el
Ayuntamiento, de estilo barroco, la torre del reloj, el Convento de las Madres
Concepcionistas y la antigua cárcel, convertida hoy en "Museo
del Bierzo" y que presenta algunas piezas interesantes por más
que su concepción museística no sea demasiado acertada.
Todos estos lugares se
encuentran cercanos unos de otros, en lo que podemos llamar el casco antiguo de
la ciudad, y quedan ensombrecidos, casi literalmente, por la imponente figura
del Castillo. Cercana también está la oficina de Turismo, de la
que no obtendremos más información que un pequeño folleto
sobre la ciudad. Nada de intentar ampliar información sobre algún
aspecto concreto ni mucho menos pedir un mapa de carreteras. Por desgracia, y
como sucede también en muchas otras oficinas de Turismo de nuestro
país, no conviene tampoco esperar nada de amabilidad ni mucho menos
explicaciones o aclaraciones que no hayamos arrancado con nuestra
insistencia.
El mayor atractivo
de la ciudad es, sin lugar a dudas, la oportunidad que supone visitar uno de
los pocos castillos de propiedad pública que se conservan parcialmente
en buen estado sin haber sido desvirtuados con reformas caprichosas y
excesivamente utilitarias hasta perder todo su carácter original.

La Torre de Monclín desde
el Patio de Armas |
Si te conformas
con ver y fotografiar las murallas y los exteriores, no tendrás
problemas. Pero si lo quieres ver por dentro, deberás tener algún
cuidado. Existen visitas guiadas cada media hora, con una capacidad de treinta
personas por grupo. Incluso en pleno agosto, los domingos sólo
está abierto por la mañana, con cuatro turnos de visita, y los
lunes cierra todo el día. Haz cuentas e imagínate que un
autobús de turistas llega por la mañana antes que tú. Eso
te ayudará a no ir desprevenido.
En cualquier caso,
merece la pena tomarse la molestia para poder caminar por el interior dela
fortaleza, imaginando y recreando los sucesos, cotidianos en su mayoría,
que debieron tener lugar aquí.
Nosotros te
ofrecemos ahora la posibilidad de realizar una visita
guiada para que conozcas un poco mejor este castillo.
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