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Doscientos cuarenta kilómetros al sur de Cuba y 290 al oeste de
Jamaica se ubica un archipiélago, colonia de las Indias
Británicas Occidentales, que agrupa tres islas con el nombre de Islas
Caimán: Gran Caimán, Brac Caimán y Pequeño
Caimán.
Gran Caimán, la mayor de las tres, acoge a casi todos los 23.000
habitantes del archipiélago, y también a su capital, George Town.
Pueblo de pescadores hasta hace dos décadas, hoy la ciudad es capital de
las islas y centro turístico de uno de los complejos de turismo
más selectos del mundo.
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Aparte de los fanáticos del buceo, que tienen en las islas su
verdadero paraíso, los clientes habituales son jubilados con una buena
situación económica que acuden a las islas a jugar al Golf,
pescar o simplemente descansar.
Todo ello en la tranquilidad y monotonía de la tradición
británica, conservada incluso mejor que en la misma Inglaterra.
Jugar al cricket, tomar el té por la tarde y visitar tranquilos pubs
son las atracciones más agitadas de la vida social en las Caimán,
donde no hay vendedores callejeros y la velocidad permitida -se conduce por la
izquierda- apenas puede dar más susto que un pequeño frenazo.
La Seven Mile Beach ofrece las instalaciones de las mejores
compañías hoteleras del mundo: Westin, Hyatt, Sheraton... Un
metro cuadrado de terreno cuesta aquí lo que un coche de lujo, pero los
edificios no pueden tener más de tres plantas, porque la ley exige que
ninguno sobresalga por encima de los cocoteros.
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Resulta curioso que con menos de veinticinco mil habitantes, en la isla haya
censadas 500 entidades bancarias y 18.000 empresas. La explicación viene
dada por la segunda característica de las Islas: ser un paraíso
fiscal donde no existen impuestos.
Según la leyenda, diez barcos que en 1788 regresaban a Inglaterra
desde Jamaica naufragaron en estas costas y todos sus tripulantes fueron
salvados por los habitantes de las islas. Jorge III, en agradecimiento a su
acción, liberó a los caimaneses de la obligación de
tributar a la corona.
Esas son las dos fuentes de ingresos de las islas: turismo y finanzas. El
resultado es un lugar exageradamente tranquilo sin desempleo ni delincuencia en
el que existe un límite de 300.000 turistas al año. Los
habitantes piensan que más gente podría alterar su ritmo de vida.
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