APOLO XI - EL VIAJE MAS LARGO
Apolo XI: el viaje más largoApolo XI: el viaje más largo




John F. Kennedy pronunció en mayo de 1961 un discurso ante el Congreso de los Estados Unidos en el que prometió que su país habría de desembarcar un hombre en la Luna antes de finalizar la década. Como consecuencia, la NASA fue dotada de importantes presupuestos que dieron origen a los programas Mercury, Gemini y finalmente al Apolo.

 Emblema oficial de la misión Apolo XI
Anteriormente, en 1959, la llamada misión Lunik había logrado situar una nave en el satélite, afortunadamente no tripulada, que se estrelló contra su superficie. En febrero de 1966 la sonda Luna 9 con forma de pelota rebotó varias veces hasta detenerse y abrir sus pétalos metálicos. De esa forma pudo enviar las primeras fotografías de la Luna.

El programa Apolo comenzó en febrero de 1966 con el objetivo de realizar un desembarco en la Luna. Seis vuelos no tripulados se desarrollaron hasta octubre de 1968, en que finalmente el Apolo VII dio 163 vueltas a la Tierra en diez días. Dos meses después, Borman, Lowell y Anders volaron alrededor de la Luna en el Apolo VIII.
En azul, el módulo de mando. En blanco, el de servicio
Las naves Apolo eran triplaza y basaban su funcionamiento en la existencia de tres elementos diferenciados: el módulo de mando (de forma cónica, contiene los asientos de los astronautas y los paneles de mandos), el módulo de servicio (equipos eléctricos, depósitos de oxígeno, hidrógeno y helio y motores de maniobras) y el módulo lunar, que en el caso del Apolo XI recibió el nombre de "Eagle"

El módulo lunar tenía capacidad para dos personas y en su parte inferior llevaba un motor de frenado y el tren de alunizaje. Una torre de escape análoga a las utilizadas por las naves del programa Mercury (1961-1963) permitía un escape en caso de emergencia.
Simulación de las condiciones lunares
La preparación del vuelo del Apolo XI tuvo como es lógico algunas características que lo diferenciaron de sus predecesores. El objetivo de situar un hombre sobre la superficie de la Luna presentaba una serie de incógnitas para cuya respuesta no se disponía de suficientes conocimientos reales.

Así, se ignoraban las dificultades a que un astronauta se vería sometido al desplazarse sobre un planeta con menor fuerza gravitatoria que la Tierra, y los efectos psicológicos que esta circunstancia podía originar. Además, algunos científicos estaban preocupados por la posibilidad de que la misión trajera en su regreso algún tipo de contaminación patógena, por lo que se dispuso un centro especial de cuarentena para recibirlos a su regreso.
Entrenamiento en el Módulo de Mando
Además de las dificultades técnicas que supuso la preparación de una misión de estas características, la expectación creada a nivel mundial por un suceso histórico tan señalado dio lugar a innumerables problemas de índole moral y diplomático.

Se planteó la duda de si la misión norteamericana, con el acto simbólico de situar en el satélite la bandera de los Estados Unidos debía entenderse como una conquista territorial, en principio algo desfasada a estas alturas del siglo XX. También se discutió sobre qué debía hacer allí el astronauta, qué debía recoger y que debía depositar en la Luna. Y sobre todo, cuáles debían ser sus palabras en un momento tan histórico.
Entrenamiento en mar abierto
Los objetivos del Apolo XI fueron determinados de una forma sencilla y clara: "1. Realizar un alunizaje y regreso tripulados; 2. Desarrollar una inspección selenológica y toma de muestras"

Durante el verano de 1968, el equipo de John Sevier evaluó cientos de opciones para determinar el lugar de alunizaje. Tras considerar todas las alternativas, recomendó el Mar de la Tranquilidad.

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