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La Habana fue fundada en 1519 por el adelantado Don
Diego Velázquez, que la llamó San Cristóbal de Cuba. Su
estratégica posición la convirtió en un lugar de paso,
tanto para los emigrantes que se lanzaban a la conquista del Nuevo Mundo como
de las riquezas que, camino de España, utilizaban el protegido puerto de
La Habana como escala intermedia.
Desde un principio destacó por la belleza de sus iglesias, plazas y
edificios, mayoritariamente de estilo barroco. La conservación en el
Centro Histórico de gran parte de éstos, erigidos entre los
siglos XVI y XIX, le valió a la ciudad la consideración de
Patrimonio de la Humanidad otorgada por la Unesco en 1982.
Los indígenas carecían de una tradición constructiva
como la desarrollada en otras partes de Sudamérica, por lo que el estilo
se mantuvo mucho más ligado a los arquitectos europeos, aunque con
algunos matices introducidos por la mano de obra africana. Estas influencias
con formas mudéjares y se diría que hasta de un ritmo
característicamente tropical, se traslucen principalmente en los
edificios religiosos y viviendas populares.
En 1748 se comenzó la construcción de la Catedral,
interrumpida al cabo de casi veinte años cuando la orden de los
jesuitas, sus constructores, fueron expulsados de la isla por un decreto del
gobierno. Diez años después las autoridades eclesiásticas
dispusieron su continuación y en 1788 la elevaron al rango de
Catedral.
En honor al rey Carlos III se denominó San Carlos de la Cabaña
a la más poderosa de las fortalezas que los españoles
construyeron en su Nuevo Mundo. Su finalidad es defender el lado Oeste de la
entrada del puerto, cuya importancia estratégica quedó demostrada
después de la invasión inglesa, pero su robustez no le impide
mostrar un cierto valor arquitectónico en su puerta exterior y la
portada de la capilla, obra al parecer del arquitecto Pedro de Medina.
De forma irregular para adaptarse al risco en que fue construido, el
Castillo de los tres Reyes del Morro fue diseñado por Bautista
Antonelli, un italiano al que se encargó todo el sistema defensivo de la
ciudad. Convertida en un funcional destino turístico, la fortaleza se
encuentra en la actualidad unida a la de La Cabaña.
Una parte de los atractivos turísticos de la ciudad pueden visitarse
siguiendo el Paseo del Malecón, que une el Puerto con la desembocadura
del río Almendares. En él se encuentra los más
representativo de la población habanera, que acuden allí para
disfrutar de los encantos de la costa o para seguir alguno de los festejos
típicos que se celebran durante todo el año.
Los Carnavales se celebran a principios de año, y en ellos se
disfruta del característico ritmo caribeño con las comparsas que
representan a cada barrio de la ciudad. Un cañonazo suena en La
Cabaña a las nueve de la noche, marcando el comienzo de la vida
nocturna. Nunca falta la fiesta en La Habana, de noches animadas por discotecas
y cabarets como el mundialmente famoso Tropicana. |