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Cuenta la leyenda que
un rey de Java desterró a su hijo por su desobediencia. Le vio alejarse
hasta que desapareció en el horizonte y trazó una línea en
el suelo. Los mares se acercaron hasta aquel lugar y nació la que ahora
conocemos como isla de Bali.
La Isla pertenece a la
República de Indonesia, y se sitúa unos grados al sur del
Ecuador. El vuelo más rápido, una hora y media, proviene de
Jakarta, aunque otras procedencias habituales son Singapur, Perth, e incluso
Hong Kong. Tiene 140 kilómetros de longitud y noventa de anchura, donde
habitan tres millones de personas.
De su origen
volcánico subsiste una cadena de seis volcanes, que se integran en uno
de los lugares más hermosos de la tierra. Sus célebres paisajes
están formados por bosques de exultante vegetación, lagos
volcánicos, playas de gran belleza...
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El gran dios
Sang Hyang Widi creó la primera pareja de balineses, de los que
nació una estirpe fiel a su historia y su pasado, preservados en sus
tradiciones y su religión. En la montaña más alta, Gunung
Agung, de la que la leyenda dice que es el Centro del mundo, está
también el templo más reverenciado. Allí está
situado uno de los ocho puntos Chakra del mundo.
Es en las
montañas donde más abundan los templos, omnipresentes en Bali,
porque allí se refugiaron los dioses hindúes de los invasores
islámicos de Java. Su visita requiere la utilización de un
vestuario adecuadamente discreto, que no habrá problema en conseguir
sobre la marcha, si se diera el caso.
El clima tropical de la
isla no sólo aconseja sino que hasta obliga a utilizar ropas ligeras y
amplias. Unos pantalones cortos y una camiseta no atraerán demasiado la
curiosidad de los lugareños, pero su apego a la tradición puede
hacer que se sientan ofendidos ante vestuarios excesivamente ligeros, debiendo
reservarse para las zonas más propiamente turísticas.
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La
religión de Bali ha evolucionado independientemente de su origen, el
Hinduismo, y es hoy en día un atractivo turístico por la
espectacularidad y vistosidad de sus ceremonias y celebraciones.
Las danzas combinan
precisos movimientos de ojos, hombros, dedos y cuello siguiendo estrictas
fórmulas seculares sobre las que a los danzarines les está
prohibido improvisar. Las orquestas de Gamelan, que acompañan a los
bailarines, están presentes prácticamente en todos los pueblos.
La pintura
tradicional balinesa permite una mayor libertad de interpretaciones, y sin
abandonar sus habituales temáticas religiosas, ha empezado a utilizar
sus característicos trazos y tonos para expresar escenas animales,
humanas o incluso abiertamente abstractas.
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Las dos pasiones
de los balineses, la religión y el arte, se combinan de forma cotidiana
en la creación de máscaras, murales, joyas o estatuas que
convierten a cada nativo en un verdadero artista.
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