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En Halicarnaso, capital de Caria, murió el rey Mausolo
después de un reinado tranquilo y feliz que llevó a su pueblo al
esplendor y la prosperidad. Corría el año 353 a.C., y su esposa
Artemisa decidió construir una tumba que hiciera inolvidable al rey
perdido.
Dirigidos por los arquitectos Sátiros y Piteos, a los esclavos se
unieron hombres libres que quisieron rendir un homenaje al rey, y las obras
eran frecuentemente visitadas por Artemisa. El dolor por su pérdida la
volvía cada vez más frágil y enferma, y presintiendo una
muerte próxima animaba a los obreros para ver finalizada la obra antes
de fallecer. |
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Al cabo de dos años, la reina murió por fin y su pueblo
quiso hacerla compartir con su marido aquella suntuosa tumba, repleta de los
tesoros con que el pueblo de Caria quiso mostrar su gratitud hacia ellos.
Sobre una superficie de 33 por 39 metros, la tumba levantaba unos cincuenta
metros de altura. Un muro partía de cinco escalones y llegaba hasta
media altura para formar un podio. Sobre esta base se situaban 117 columnas
jónicas ordenadas en dos líneas de nueve frente al Opistodomos, y
en dos hileras de veintiuna a cada lado.
La columnata sostenía a su vez una pirámide escalonada y en
lo más alto una gigantesca cuádriga. Se encargó a Briaxis,
Timoteo, Leucastes y Escopas, los mejores escultores griegos de la
época, la realización de las estatuas y relieves. |
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Dieciséis años después, el mismo Alejandro Magno
que ordenara reconstruir el templo de Artemisa, conquista la ciudad y destruye
el Mausoleo.
Los Caballeros de San Juan, en el siglo XIV utilizaron sus materiales para
el castillo de San Pedro de Halicarnaso, que hoy se llama Bodrum. Y lo hicieron
con tanto detenimiento que en la actualidad apenas se distingue la forma en la
roca donde se asentó. |
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