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Artemisa era la diosa griega de la fertilidad, que los romanos llamaron
Diana. Desde tiempos inmemoriales era adorada en un templo situado en Efeso,
cerca de la actual aldea turca de Aia Soluk.
El intento de invasión de los cimerios en el siglo VII a.C. tuvo
entre otros el resultado del incendio del templo. Creso, rey de Lidia e
inventor de las monedas decidió reconstruirlo y abrió una
suscripción pública, a la que todos los ciudadanos aportaron
algo. El resultado fue magnífico. |
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Dos siglos después, en el 356 a.C. un mendigo loco ávido
de notoriedad llamado Eróstrato incendió el edificio que fue
consumido por las llamas sin que nadie pudiera hacer nada por evitarlo.
Veinte años después, y utilizando los mismos planos, Alejandro
Magno lo hizo reconstruir gracias a la coincidencia de que había sido
incendiado el mismo día de su nacimiento. Fue terminado en el 323 a.C.,
pero ya nunca recuperó su antiguo esplendor.
Plinio lo describió con ciento veintisiete columnas jónicas de
una altura de 18 metros, 36 de ellas ornamentadas, que rodeaban la sala donde
se situaba la estatua de la diosa. Medía 123 metros de largo y 67 de
ancho.
Entre los años 260 y 268 d.C. los saqueos de los godos destruyeron
gran parte del monumento. El ingeniero inglés J.T.Wood descubrió
los restos demostrando la veracidad de la descripción de Plinio y que
había sido puesta en entredicho durante siglos. |
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