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Olimpia no era exactamente una ciudad, sino un conjunto de templos y
monumentos erigidos con motivo de los juegos olímpicos. Estos juegos
fueron entre el 668 a.C. y el 393 d.C. la fiesta nacional más importante
en Grecia. Y de todos estos templos el más hermoso era el de Zeus,
más tarde Júpiter para los romanos.
La construcción del templo se estaba terminando el 450 a.C., contando
en sus frontones y metopas con grupos escultóricos de tal calidad que se
consideraron la mejor representación del arte griego en su época.
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Pero es en el interior del templo donde se encuentra la gran
estatua de doce metros de altura que durante todo un año Fidias
había creado para representar al dios. El cuerpo estaba tallado en
marfil y las ropas y joyas eran de oro. A sus pies se coronaba a los vencedores
tratándolos como a auténticos héroes.
Según la leyenda, cuando Fidias terminó su obra pidió
al dios una señal de su conformidad con el trabajo realizado, y entonces
del cielo despejado llegó un rayo hasta los pies del escultor.
Fanáticos cristianos incendiarán el templo durante el reinado de
Teodosio II, y los terremotos del siglo VI d.C. lo abatirán haciendo
desaparecer la estatua. |
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