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El pueblo navajo ha sido entre los nativos
americanos el que mejor ha sabido sobrevivir a la llegada del hombre blanco,
conservando sus costumbres, sus principios y su historia. Sus 250.000
integrantes, que habitan varias reservas en Nuevo México y Arizona,
constituyen en la actualidad la comunidad indígena más
próspera y numerosa de los Estados Unidos.
Se cree que existían unos nueve millones de indios al norte de
México antes de la llegada de los españoles al entonces llamado
Nuevo Continente. Cuatrocientos años después, el número se
había reducido a un cuarto de millón, sobre todo como
consecuencia de las enfermedades que hasta entonces desconocían, como la
viruela y el sarampión.
En los Estados Unidos y en Canadá viven actualmente unos tres
millones de indígenas. Algunas de las etnias no sólo han
recuperado el número de integrantes que tenían antes de la
llegada de los europeos, sino que incluso lo han superado.
Se considera que los navajos descienden de un grupo apache que, procedente
del sur de Canadá, se estableció en Nuevo Méjico entre el
900 y el 1200 d.C.
Durante algún tiempo, viviendo de la caza y de algunos cultivos
rudimentarios, los navajos continuaron sus costumbres nómadas en viaje
tras la caza y territorios fértiles. Las chozas que habitaban, llamadas
Hogans, eran por entonces ligeras y fáciles de trasladar, así
como el resto de sus posesiones, necesariamente limitadas.
Todavía integrados en los apaches, y como todos ellos
llamándose a sí mismos Dineh (pueblo), eran conocidos por los
españoles como apaches de navajo. Curiosamente ambos términos
provienen de otras lenguas indias: apachu significa "enemigo"
en lengua zuñi, y navaju significa "campo cultivado" en
el idioma de los tewas.
Fue a lo largo de los siglos XVII y XVIII en que la presión
institucional sobre sus territorios provocó que muchos indios de otras
tribus fueran acogidos por los navajos, hasta arrojar a principios del siglo
XVIII un censo aproximado de unos 4000 individuos. |
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