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Grecia es uno de esos países que son a la
historia lo que un Iceberg al mar. Apenas vemos una pequeña parte de
él, pero bajo la superficie del presente se encuentra una de las
más brillantes civilizaciones de la antigüedad.
Es también un caso perfecto para demostrar lo equivocado de algunos
conceptos generalizados, como el que pretende una línea de continuidad
en la evolución de la raza humana. Lejos de ser cierto, la historia
demuestra que la Humanidad experimenta una mayor tendencia hacia el retroceso
que hacia el verdadero avance de la sociedad.
Durante la época helenística, un hombre era un ser libre que
buscaba en la cultura su propia dignidad. No estaba sometido a ningún
déspota ni cacique, sino únicamente a las leyes que eran
además expresión de su voluntad. Eran cosmopolitas,
perseguían la libertad moral y la sabiduría, y compaginaban la
primera y más perfecta democracia con el individualismo más
exacerbado.
Este amor a la independencia y a su propia libertad les permitió
resistir el ataque de los persas en batallas históricas como
Maratón o las Thermopylae, y bajo el mando de Alejandro Magno a
conquistar gran parte del mundo entonces conocido en un intento de extender a
otros territorios sus ideales helenísticos.
Pero no pudieron resistir al Imperio Romano, ni después al turco cuando
el Imperio Romano de Oriente cayó en manos de los otomanos.
Cuatrocientos años de dominación no lograron subyugar la
independencia griega, su idioma, ni su identidad religiosa.
Y sin embargo, después de ésta y otras sociedades casi igual de
perfectas, la Humanidad entera vivió muchos siglos de oscuridad, de
ignorancia y de barbarie, de feudalismo e intransigencia. Se quemaron las
bibliotecas, se quemaron a los sabios y estudiosos y se quemó al pueblo
llano cuando quiso oponerse al poder impuesto y hereditario de un señor
feudal.
Hoy, en Grecia aún perdura el recuerdo y el sentimiento de aquella
época brillante que en tantos aspectos supera a la sociedad actual.
Pasear por las ruinas de sus edificios, por las calles estrechas de algunos de
sus pueblos o asistir a las representaciones en sus viejos teatros al aire
libre, nos traerá el recuerdo y la enseñanza de una historia
pasada y brillante. |
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