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En 1856 fue publicada una novela que anticipó
detalles de la que ciento trece años después sería la
primera misión espacial en pisar la Luna. La forma e incluso las
dimensiones de la cápsula espacial, el lugar de lanzamiento, el
país que habría de lograr el triunfo y el que sería su
competidor más directo: Rusia; la falta de gravedad, las trayectorias
que seguiría el artefacto y su órbita alrededor de la luna, el
sistema de corrección de trayectoria por medio de cohetes, e incluso la
forma y lugar de regreso: la novelesca narración termina cayendo al mar
en un lugar situado a cuatro kilómetros del lugar en que amerizó
la primera tripulación en realizar una órbita lunar, el Apolo
VIII. La novela, "De la Tierra a la Luna". El autor, Julio Verne.
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Otras novelas de este autor
supusieron predicciones que aún siguen cumpliéndose en la
actualidad en materia geográfica, tecnológica,
sociológica, económica y política. Pero en ello no hay
ningún misterio ni adivinación. Sencillamente, Verne fue un
increíble investigador ocupado desde su juventud en adquirir una cultura
científica enciclopédica y mantenerse al día de los
adelantos científicos que por entonces abundaban en los países
occidentales. Si a ello se añade su capacidad de anticipación, el
método está listo. |
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Pero no le resultó sencillo. Julio Verne
nació en Nantes, Francia, el 8 de Febrero de 1828. Fue el
primogénito de Pierre Verne, un abogado burgués hijo a su vez de
un juez. El día del bautizo, su padre lo mostró a la familia y
decidió que sería abogado y se ocuparía del bufete
familiar después de su muerte. |
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| Pero la exagerada
rectitud y disciplina del padre no encontrará en el hijo la
resignación que quisiera, sino que el joven es rebelde y propenso a la
aventura. Desde muy pronto su inclinación a los viajes le enfrentan a su
padre e incluso intenta fugarse en un navío hacia la India. Cuenta once
años, y su padre consigue detenerle en el mismo barco y le aplica un
severo castigo: azotado con un látigo y encerrado a pan y agua. Pero lo
que más le duele es la promesa que le obliga a pronunciar: nunca
pretenderá viajar más que con la
imaginación |
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A los diecisiete años empieza a mostrar
inclinación por la literatura, e incluso escribe una pequeña
tragedia en verso para marionetas que dedica a su prima Caroline de la que
lleva años enamorado, sin que le haga el menor caso. Dos años
después ella se casa por interés, marcando una huella profunda en
el carácter de Verne, que será ya para siempre marcadamente
misógino. |
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| Al
cumplir los veinte años se dirige a París para estudiar la
carrera de derecho, y allí coincide con la Revolución de 1848 en
que la clase proletaria surge por primera vez para reclamar sus derechos ante
la burguesía dominante. No obstante el ambiente de agitación,
Verne es apolítico y a lo largo de su vida no tomará partido
más que por cuestiones puntuales indistintamente la ideología de
su origen. |
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Aunque estaba previsto que viviera con una
tía, la Revolución la ha ahuyentado de París, y así
Julio vivirá en una pensión y luego en una buhardilla compartida.
Su dinero proviene de su padre, que sigue el principio de que más dinero
del imprescindible distrae de los estudios, y en sus cálculos no entran
libros, teatro ni relaciones sociales. No obstante, siguiendo un criterio que
mantendrá durante toda su vida, Julio decide que las necesidades del
espíritu son más importantes que las del cuerpo, y escatima lo
imprescindible para satisfacer esos gastos. |
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| Durante días
sólo come pan y leche para poder comprar libros. Se traslada a
una buhardilla compartida para ahorrar algo más y su vestuario es
andrajoso excepto un traje para asistir a las veladas literarias, que tiene en
propiedad compartida con un amigo. Sin embargo, a pesar de las dificultades,
Verne recordará siempre aquellos años como felices.
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Frecuenta el salón literario de madame de
Barrère, donde se va haciendo un lugar y cobrando importancia. Un
día al salir de allí se tropieza en la escalera con un voluminoso
señor que sube resoplando. En lugar de disculparse le espeta:
"¿Ha cenado usted,
señor?", a lo que el desconocido contesta:
"Perfectamente, joven, una tortilla de tocino a
la nantesina..."; "Las tortillas
a la nantesina de París no valen nada. Hay que echarles azafrán,
¿entiende? ¡Azafrán!" le interrumpe Verne.
Todavía sorprendido y medio enfadado, el otro le replica: "¿Es que sabe usted hacer tortillas,
joven?" "¿Que si las
sé hacer? ¡sobre todo me las sé comer! ¿No
llevará usted una encima, señor?" esto parece ser
demasiado y el hombre estalla de repente: "Es
usted un insolente! Aquí tiene mi tarjeta, no hace falta que me
dé la suya. Vendrá usted el viernes a mi casa a darme una
satisfacción... -por entonces todavía se celebraban
duelos en París- ...cocinando usted mismo una
tortilla." |
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Al mirar la tarjeta, Verne
descubre que aquel hombre era nada menos que Alejandro Dumas, autor de
éxito con novelas como "El Conde de Montecristo" o
"Los Tres Mosqueteros". Con él trabó enseguida
una relación de amistad y protección que le lleva a estar
presente en el palco de honor durante el estreno de la adaptación
teatral de "Los Tres Mosqueteros". |
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