| Carcassonne está situada en la
región francesa de Aude, a 160 kilómetros de la frontera
española y a noventa de Toulouse. Con 45.000 habitantes, en la ciudad se
distinguen dos partes claramente diferenciadas: la ciudadela fortificada,
importante enclave medieval que jugó un importante papel en la cruzada
contra los albigenses; y la villa, creada posteriormente para dar cabida al
crecimiento de la población. |
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Los primeros asentamientos en lo que hoy es
Carcassonne se produjeron hacia el siglo VI a.C., como demuestran las
excavaciones arqueológicas que han localizado restos de cabañas
construidas por los Iberos. Estos pobladores fueron desplazados hacia el 300
a.C. por los Volcae-Tectosages, una tribu de origen centroeuropeo.
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Los romanos conquistaron la región de Narbona el 122 a.C., y se
asentaron en Carcassonne debido a las condiciones estratégicas que le
permiten dominar la zona. A ellos se atribuye la construcción de las
primeras murallas, como demuestra la construcción de las torres y las
murallas evitando las líneas rectas, en un intento de reducir la
efectividad de un ataque con arietes. Los muros se construyen con capas
alternadas de piezas de piedra y bandas de ladrillo rojo. |
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La situación estratégica en que se ubica
la ciudad la convirtió en un importante objetivo de conquista durante
las distintas épocas de la historia. Como consecuencia de esto, las
fortificaciones de la plaza sufrieron continuas ampliaciones y mejoras para
adaptarse a la evolución de las técnicas de guerra.
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En el año 350 la ciudad fue tomada por los francos, aunque los
romanos la recuperaron enseguida y comprendieron la necesidad de reforzar sus
defensas. Sin embargo no fue suficiente para evitar que la ciudad cayera en
manos de los visigodos en 436, durante el reinado de Teodorico. |
Las técnicas constructivas desarrolladas por
los romanos para sus fortificaciones permanentes fueron imitadas por los
visigodos para compensar sus pocos conocimientos arquitectónicos. Su
actividad, difícilmente diferenciable de la de sus antecesores, no
aportó nada nuevo a las construcciones sino que se limitó a
reponer los destrozos causados durante las batallas con que reyes locales como
Clovis, Gondebaud y Gontran intentaban recuperar la ciudad.
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Entre los siglos XI y XIII se acometieron importantes obras como el Palacio
Condal y la reconstrucción de las murallas, que después del
período visigodo, y especialmente desde la conquista de la ciudad por
parte de los sarracenos, estaban bastante maltrechas.
Bernard Aton Trencavel, vizconde de Albi, Nimes y
Béziers se proclamó vizconde de Carcassonne, que hasta entonces
había pertenecido al condado de Barcelona y que no reclamó su
feudo. |
Situada en un estratégico nudo de comunicaciones, la ciudad nadaba en
la abundancia debido a los altos impuestos, hasta la mitad del valor de las
mercancías, que cobraba a los comerciantes. Esto la convirtió en
un apetitoso bocado para las intrigas de los nobles, y el Catarismo fue la
excusa ideal para conquistar la ciudad. |