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«El 1 de junio de 1924, Somervell y yo
abandonamos el Campamento III para seguir las huellas de Mallory. Seis
porteadores debían acompañarnos a Somervell y a mí hasta
el campamento, a 7.800 metros. Esperábamos conservar con nosotros a tres
de ellos hasta los 8.200 metros...
»A
las 3 de la tarde llegamos Somervell y yo con los tres porteadores al
campamento del Collado Norte, donde nos recibieron Odell e Irvine. Tras
indicarnos cuáles eran nuestras tiendas, cocinaron y nos ayudaron en
todo...
»El
2 de junio amaneció radiante. A las 6.30 Somervell, los seis porteadores
y yo estamos ya en pie. Mallory y Bruce se encontraban en la Cresta Norte
(después de haber pernoctado en el Campamento V); hoy debían
dirigirse al Campamento VI. Dado que tenían tan sólo lo necesario
para un campamento, tuvimos que llevar con nosotros una tienda de 5 kilos, dos
sacos de dormir y algunas provisiones. Había que tener en cuenta que
nosotros haríamos noche tres veces y los porteadores sólo una.
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| El primer
reconocimiento del Everest fue realizado en 1921 por una expedición
británica que dirigió Howard Bury. |
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»Un poco más arriba del Collado llegamos a
un lugar donde hacía sol y donde no se estaba tan mal como en la sombra
que hasta entonces nos había cubierto. Pero el viento no nos dejaba en
paz; constituía en todo momento un serio obstáculo. Penetraba a
través de los vestidos como si estuvieran agujereados y, al mismo
tiempo, presionaba con tanta fuerza que los hombres se tambaleaban...
»Hace dos años, en un movimiento torpe, se me
cayó desde aquí la mochila al abismo; entonces
descendíamos. Con gran velocidad, se precipitó hasta el glaciar
del Rongbuk, lo que puede dar una idea del ángulo de inclinación
de estas vertientes. Hoy hemos oído un ruido por aquella misma zona; no
ha sido poca nuestra perplejidad al ver descender por allí a un
porteador llamado Dordschay Pasang, uno de los hombres escogidos de Mallory.
Apenas habíamos terminado de escuchar su relato, cuando aparecieron
Mallory y Bruce con el resto de los porteadores.
»El
viento no permitía largas conversaciones. De haber podido convencer a
los porteadores, Bruce habría continuado la escalada a pesar de su leve
lesión cardíaca. Una vez más se demuestra que el Everest
frustra los cálculos más precisos. El tiempo era
magnífico, pero aquel viento inclemente era capaz de anular al tigre
más orgulloso. Ni siquiera Bruce, el mejor jefe de sherpas, pudo
persuadirles a subir más allá de los 7.700 metros.
»A la una llegamos al
Campamento V sin incidente alguno. Las señales de colores nos
habían facilitado su localización; se hallaban colocadas en el
punto donde hay que descender lateralmente de la cresta. Las dos tiendas de
campaña estaban colocadas encima de unas terrazas construidas en la
pared con la finalidad de procurarles una base sólida.
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| La cordillera
del Himalaya se extiende a lo largo de Pakistán, Cachemira, India,
Tíbet, Nepal, Sikkim y Bhután. Tiene una anchura de entre 250 y
500 kilómetros y una longitud de 2800. |
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»Pasamos la tarde como de costumbre. Nos metemos,
agotados, en el saco de dormir y permanecemos una hora acostados.
Después, el deber nos llama, y alguno de los compañeros se
levanta jadeando y refunfuñando. Tomándose un respiro de vez en
cuando, deja que sus pies le lleven hasta la mancha de nieve más
cercana, donde llena las ollas de aluminio. Entretanto, otro se ha levantado
gimoteando y ha montado el hornillo. A continuación saca algunos
víveres de las mochilas o de las latas (por ejemplo, té,
azúcar, leche, sardinas y pan duro).
»Acostados en el saco de dormir, los dos esperan a que el
hornillo convierta la nieve en agua templada. Dicho así, esto parece muy
sencillo. Los gemidos y quejidos no son exageración poética; he
pasado cuatro veces por ello y puedo asegurar al lector que escalar hasta esta
altura no resulta tan agotador como las tareas culinarias. El proceso tuvo que
repetirse dos o tres veces, ya que había que preparar agua potable para
el día siguiente y lavar los cacharros. Lo peor de todo es tener que
tragarse el producto de semejantes actividades, y esto sólo se consigue
poniendo buena voluntad. El alimento sólido le repugna a uno; en cambio,
nunca obtiene la suficiente cantidad de agua para beber...
»El
3 de junio nos levantamos a las cinco. A las 9, cuatro horas después de
despertarnos, nos pusimos en camino. Hacia el mediodía pasamos por
delante del punto más alto alcanzado en 1922 por Mallory, Somervell y
yo. Experimentamos un sentimiento de alegría y optimismo a pesar de que
las sensaciones se reducen mucho a causa del aire enrarecido.
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| En el
Himalaya se sitúan las mayores alturas del mundo: más de cien
cumbres superan los 7000 metros y 14 superan los 8000. |
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»A las 2.30 enviamos los porteadores a casa.
Tenían que descender 1.200 metros, de modo que no les quedaba mucho
tiempo para llegar con luz al Collado Norte. Que a 8.200 metros de altitud
todavía se pueda dormir bien, constituye un hecho notable y digno de
mención.
»Una
hora después de haber abandonado el campamento, tropezamos con la enorme
capa de piedra arenisca, de unos 300 metros, que atraviesa el Flanco Norte del
Everest. La ascensión resulta fácil gracias a las largas franjas,
o pequeñas repisas, de la roca.
»A
los 8.400 metros, los ojos empezaron a darme motivo de preocupación.
Todo lo veía doble y, con frecuencia, no tenía seguridad a la
hora de apoyar el pie. Al principio creí que se trataba de los primeros
síntomas de ceguera a causa de la nieve, pero Somervell dijo que era
imposible. La acertada opinión de Somervell me fue confirmada
posteriormente por otros; se trataba, en este caso, de una debilitación
del control sensorial como consecuencia de la falta de oxígeno.
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(sigue 1/4) |
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