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Los griegos lo llamaron Ares, y los romanos Mars. En ambos casos, el
término designa al dios de la guerra, lo que tradicionalmente se explica
por el paralelismo entre su color rojo y el de la sangre. Admitiendo esta
razón, habría que considerar coincidencia el que los Mayas y
otras culturas aún más aisladas le atribuyeran idéntico
carácter.
Marte es nuestro planeta más cercano, y por lo tanto el siguiente
paso lógico en la conquista del espacio, después de alcanzar la
Luna. Su diámetro es el doble que el de nuestro satélite natural,
pero sólo la mitad que el de la Tierra. |
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En Julio de 1965, la sonda espacial Mariner 4, sucesora de la fracasada
Mariner 3, tomó desde una distancia de 9600 kilómetros las
primeras imágenes de la superficie de Marte. Para ello utilizó
una cámara de televisión que logró capturar 21
imágenes, equivalentes al 1 % de la superficie, y transmitirlas por
radio antes del final de su vida útil. |
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Estas primeras imágenes pusieron de relieve la erosionada
superficie del planeta hermano, así como la existencia de los llamados
paleocauces, probablemente originados por la existencia en la antigüedad
de aguas superficiales.
Otros sensores a bordo de la nave revelaron la ausencia de radioactividad en
el planeta, así como de campos magnéticos. Ambas
características son debidas a su composición enteramente
sólida, al contrario que la de la Tierra. |
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Un año marciano dura 687 días de los nuestros, y su
día 24 horas, 37 minutos y 23 segundos. La masa del planeta apenas
alcanza la décima parte, y su gravedad el 38 %. El 95 % de su
atmósfera es dióxido de carbono, el 2,7 % nitrógeno y el
1,6 % argón. El resto se compone de pequeñas cantidades de
oxígeno, monóxido de carbono y vapor de agua.
Esta atmósfera es tan ligera (la presión en superficie es
aproximadamente cien veces inferior a la de la Tierra) que el calor del planeta
escapa casi por completo al exterior. Oscilando entre 27 y 128 grados bajo
cero, la temperatura media se sitúa en 53º bajo cero. |
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