LAS SIETE CUMBRES



Las Siete Cumbres

 

      

 La competitividad propia de nuestra época lo alcanza todo sin remedio. Actividades que han sido tradicionalmente consideradas algo más que un deporte no se libran tampoco de esta fiebre por superar a los demás. Tal es el caso de la montaña.

 Desde siempre la práctica de esta actividad ha ido acompañada de una pregunta que nunca ha obtenido una respuesta convincente: "¿Por qué arriesgar la vida por llegar al punto más alto de un montón de piedras?".

 Muchos han respondido a esta pregunta, desde el escueto "Porque están ahí" que han enarbolado varios célebres alpinistas hasta el "Yo soy la estatua de este inmenso pedestal" que gritó Balmat cuando alcanzó, por primera vez, la cima del Mont Blanc.

 Pero siempre en estas respuestas, en las palabras de los más destacados alpinistas, en sus libros, en las meditaciones que tan unidas han estado siempre a la montaña, siempre hay un componente que trasciende lo puramente deportivo para adentrarse en las motivaciones más profundas del ser humano.

 Morada de los dioses, lugar sagrado en muchas culturas, meta de peregrinaciones y símbolo de superación, las montañas han seducido a los hombres durante miles de años, mostrando la grandeza y la dureza de la naturaleza y de su creador. En la montaña, dicen, se está más cerca del cielo, más cerca de Dios.

 Lugar trascendente, cuna de filosofías y escenario de paz y descanso, la montaña no ha podido tampoco resistir los embites de la modernidad. Había que sacarle partido, formalizarla, determinar grados para clasificarla.

 Escaladas todas las montañas por orden de alturas, había que buscar nuevos retos, nuevas marcas para seguir compitiendo, para ver quién es el mejor, para ver quién puede vivir de ella gracias a los patrocinadores, a los que hay que vender siempre algo nuevo, algo mejor, algo más difícil.

 Entonces todo este deporte de superación personal, de autoconocimiento, de reflexión y desarrollo personal, busca sus metas, sus leyendas, sus marcas. Se buscan las vías más difíciles, siempre intentando diferenciarse de los demás, superarlos. Se encadenan varias montañas o se mide el tiempo que se tarda en correr hasta arriba y bajar después.

 Y así, también, se crean las listas, colecciones de cumbres o lugares con una determinada significación y dificultad, en las que el mayor objetivo es diferenciarse de los que "sólo" han podido ascender a unas pocas de esas cumbres.

    


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