RAPA NUI

Rapa Nui
Rapa Nui

 Rapa Nui es el nombre que los habitantes locales dan a la Isla de Pascua, perdida en el inmenso Océano Pacífico. Legalmente pertenece a Chile, aunque sus poco más de dos mil habitantes ven a este país como algo lejano y dudoso.

 En realidad, cualquier país puede ser considerado lejano, ya que a 3700 kilómetros de Chile y 4050 de Polinesia, la isla es la más aislada de todo el mundo. Su idioma oficial es el español, que hablan muchos de los lugareños aunque la mayoría se comunica en un lenguaje propio, similar al de algunos lugares de la Polinesia.

 Ellos se llaman a sí mismos como a su isla, y forman una extraña sociedad orgullosa de su pasado y muy afables con los visitantes. Durante el siglo XIX al menos dos mil habitantes de la isla fueron secuestrados y conducidos a Perú para trabajar como esclavos. Esto provocó una reticencia hacia los extranjeros que por fortuna ya ha sido superada.

 Hanga Roa es la capital, pese a no ser más que un pequeño pueblo. A ella llegan dos vuelos semanales de Lan Chile, y se sitúan algunos pequeños hoteles, modestos pero limpios y acogedores. Otra opción típica es alojarse en casa privadas, alquilando una habitación con baño. Es importante tener en cuenta que la tarjetas de crédito apenas sirven en ningún establecimiento.

 Jacob Roggenvee llamó Isla de Pascua a este lugar porque lo descubrió el domingo de Pascua de Resurrección de 1722. El español Felipe González de Haedo anexionó la isla a la Corona Española en 1770, rebautizándola Isla de San Carlos en honor al rey Carlos III.

     
     

 Jean Baptiste Onexime Dutrou-Bornier, capitán de navío que había conducido a la isla a un número de eficaces misioneros, instaló en la isla una granja para la cría de ovejas. Hizo aumentar su poder hasta el momento en que a fuerza de pistola se hizo proclamar rey en 1877.

 Su crueldad fue recompensada poco después, cuando los esclavizados isleños lo ajusticiaron. Finalmente, en 1888 la isla pasó a la soberanía chilena por obra del capitán Policarpo Toro.

 La isla se encuentra salpicada por gran cantidad de estatuas de piedra, llamadas Moai, que representan torsos masculinos aunque en muchos casos sólo la cabeza emerge de la tierra. Los aborígenes los consideraban representaciones de los antepasados y les atribuían la fuente del mana o fuerza sobrenatural.

 Por esta razón, derribar los Moai de las tribus enemigas era el objetivo en las guerras tribales que sacudían la isla cuando llegaron los occidentales. La economía y la sociedad se encontraban en grave situación de crisis.

 Durante los siglos XV a XVII se desarrolló la mayor actividad constructiva en la isla, que condujo también hacia una rápida y progresiva desforestación y erosión. La hambruna y la superpoblación crearon una situación belicosa y obligaron a los pobladores a recurrir incluso al canibalismo para sobrevivir.



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