Entre 1580 y 1640 Portugal estuvo unido
al Reino de España, del que había dependido durante mucho tiempo
antes por su estrecha relación con Sevilla y la escasez de oro en el
imperio africano de Portugal.
Las riquezas procedentes de Brasil
permitieron un comienzo floreciente de su nueva soberanía, pero en 1755
la ciudad quedó arrasada por un gran terremoto seguido de un incendio.
El marqués de Pombal aprovechó la circunstancia para reconstruir
la ciudad baja con un esquema más regular.
Aún le esperaba verse sometida a la
autoridad francesa después de su conquista de la Península en
1755, aunque al año siguiente lord Wellington venció a los
franceses liberando Lisboa.
Fue durante el desarrollo de los siglos XIX y
XX cuando la ciudad avanzó hacia las colinas del N y E,
aportándole el sobrenombre de "Ciudad de las siete colinas":
Castelo, Graça, Monte, Penha de França, San Pedro de
Alcântara, Santa Catarina y Estrela.
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