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Cuando uno lleva todo el año trabajando, y los últimos meses
planeando y soñando con sus vacaciones, lo último que desea es
que todo salga mal o que un ínfimo detalle sea suficiente, porque suele
serlo, para que el resto del viaje ya no sea lo mismo.
Y sin embargo, sucede con frecuencia que se pierde nuestro equipaje, que
llega a su destino casi cuando ya regresamos a casa, o que el maravilloso hotel
que en la fotografía tenía tres piscinas de repente se convierta
en poco más que el Motel Bates de "Psicosis".
Poco se puede hacer entonces para arreglar las cosas. Protestar y quejarse
servirá en el mejor de los casos para iniciar un largo y tedioso proceso
de "ser ignorado-insistir-ser mal atendido-enfadarse". Acabaremos
igual que estábamos, con el personal enfrentado a nosotros y
todavía más disgustados.
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El mejor remedio es, siempre, la prevención. Dejar las cosas bien
atadas, bien claras y salir de casa ya bien informados e incluso preparados
para que las cosas sean al menos un poco peor que en nuestros sueños.
Pero si aún así las circunstancias resultan contrarias,
todavía nos queda el derecho de reclamar.
Para exigir daños y perjuicios los primero es dirigirse al implicado
y su aseguradora, si la tiene. Llegando a un acuerdo razonable ambas partes se
ahorrarán muchas molestias y papeleos.
Las Juntas Arbitrales de Consumo y las Juntas de Transporte Terrestre pueden
mediar en reclamaciones por intoxicación, lesión o muerte. En un
caso de menor importancia, cuyo importe no supere las 80.000 pesetas, puede
realizarse una reclamación judicial sin necesidad de abogado ni
procurador.
Ninguna de estas acciones judiciales es incompatible con la
presentación de una "hoja de reclamaciones" ante los
organismos responsables de consumo.
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Conviene presentar la reclamación lo antes posible. El incumplimiento
de contratos permite un plazo de quince años, pero los daños por
productos defectuosos no pasan de tres años, los generados al margen de
contratos un año y las compañías aéreas no aplican
más que algunos días para determinadas quejas.
Si ha contratado un viaje con una agencia y luego resulta ser menos de lo
pactado, tendrá derecho a una reclamación para ser indemnizado
por los daños, incluso los que puedan ser considerados daños
morales.
Ser alojado en hoteles de menor categoría, ver canceladas algunas
actividades programadas o reducida su calidad son sucesos frecuentes cuando,
por ejemplo, el organizador no consigue completar el grupo que preveía
para la ruta.
No deja de ser frecuente que los equipajes o mercancías transportadas
sufran algún daño. Si piensa transportar algo de valor, como una
bicicleta o un equipo informático, sería buena idea informarse de
antemano si, para una reclamación posterior, es necesario declarar el
valor del objeto. |
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