La Conquista del Monte Everest III: Reinhold Messner


La conquista del Monte Everest III: Reinhold Messner

 

Este artículo tiene partes anteriores en:

La conquista del Monte Everest I: Los intentos de Norton y Mallory
http://www.lector.net/phyene99/everest.htm

La conquista del Monte Everest II: Hillary y Tensing
http://www.lector.net/phymay99/everest.htm



Extraído del libro "Everest - Expedición al punto final" de Reinhold Messner
Editorial RM, Barcelona, 1979.
 


>>Hace una semana que estamos en camino. Caminamos muy despacio para aclimatarnos; hacemos pequeñas excursiones a las aldeas cercanas y estamos constantemente en contacto con los sherpas, quienes deben ganarse la vida -aquí, al sudoeste del Everest- en valles de altura poco fértiles.

>>Allí donde el glaciar de Solo Khumbu hace un pronunciado recodo hacia la izquierda, entre las laderas de morrenas y la corriente de hielo de forma ondulada, se encuentra nuestro Campamento Base. En una hondonada poco profunda, se han levantado, entre las piedras, dos docenas de tiendas de campaña. Una pequeña nube de humo flota constantemente encima de ellas, puesto que los sherpas hacen arder ininterrumpidamente su fuego de sacrificios. En tres pértigas de madera (de la altura de un árbol) y un cordón de 50 metros de largo ondean muchas banderitas de oraciones.

>>En las expediciones, lo que me interesa es acercarme más a mí mismo; mirar hacia mi interior. Cuando subo muy alto, puedo mirar muy dentro de mí. Pero si introdujera medios técnicos entre la montaña y yo, no podría percibir ciertas sensaciones: con la mascarilla de oxígeno no puedo comprobar, no puedo percibir qué significa escalar alturas de 8.000 metros y más, combatir la tendencia del cuerpo a no obedecer y soportar la soledad sin ninguna ayuda.

>>Unos días después, Peter Habeler y yo establecemos el primer campamento de altura a 6.100 metros sobre el nivel del mar. Hace viento. La nieve arremolinada en el CWM Occidental, aún envuelto en la sombra (también se le da el nombre de Valle del Silencio) es azul. Ahora me siento seguro. He recuperado mi ritmo: podré subir bien los cuatro kilómetros hasta el segundo campamento, a 6.400 metros.

>>Percibo la armonía que se impone a todo lo que me rodea, aunque por encima de las altísimas paredes, a izquierda y derecha del CWM Occidental, desciendan ruidosamente piedras y aludes. Es algo natural.

>>-Nos quedamos aquí. Estamos bastante agotados. El camino ha sido largo y fatigoso. Hemos tenido que dar muchos rodeos y buscar antes de alcanzar este lugar. Hemos aprovechado mientras tanto para echar un vistazo a la cara del Lhotse. Es bastante lisa, no parece fácil. No tendremos más remedio que ir por la ruta normal, ya que se ve hielo verde en el Espolón Sur. Quizás cuelguen todavía algunas cuerdas en el flanco del Lhotse.

>>2 de abril. Hemos establecido el Campamento II a unos 6.500 metros sobre el nivel del mar y nos disponemos a prepararlo todo para la noche. Será una noche terrible, sin un instante de sueño. El viento que desciende de la Pared Sudoeste y del Collado Sur sacude ininterrumpidamente nuestra tienda, de modo que tememos quedar a la intemperie de un momento a otro. La tienda que está por encima de nosotros pronto volará hecha trizas. Queremos bajar al valle antes de que amanezca; el viento amenaza con empeorar, y sabemos muy bien que con la nieve y la niebla sería imposible escapar del CWM Occidental todavía sin señalar.


(sigue 1/8)

 


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