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>>Hace una semana que estamos en camino. Caminamos muy despacio para
aclimatarnos; hacemos pequeñas excursiones a las aldeas cercanas y
estamos constantemente en contacto con los sherpas, quienes deben ganarse la
vida -aquí, al sudoeste del Everest- en valles de altura poco
fértiles.
>>Allí donde el glaciar de Solo Khumbu hace un pronunciado
recodo hacia la izquierda, entre las laderas de morrenas y la corriente de
hielo de forma ondulada, se encuentra nuestro Campamento Base. En una hondonada
poco profunda, se han levantado, entre las piedras, dos docenas de tiendas de
campaña. Una pequeña nube de humo flota constantemente encima de
ellas, puesto que los sherpas hacen arder ininterrumpidamente su fuego de
sacrificios. En tres pértigas de madera (de la altura de un
árbol) y un cordón de 50 metros de largo ondean muchas banderitas
de oraciones.
>>En las expediciones, lo que me interesa es acercarme más a
mí mismo; mirar hacia mi interior. Cuando subo muy alto, puedo mirar muy
dentro de mí. Pero si introdujera medios técnicos entre la
montaña y yo, no podría percibir ciertas sensaciones: con la
mascarilla de oxígeno no puedo comprobar, no puedo percibir qué
significa escalar alturas de 8.000 metros y más, combatir la tendencia
del cuerpo a no obedecer y soportar la soledad sin ninguna ayuda.
>>Unos días después, Peter Habeler y yo establecemos el
primer campamento de altura a 6.100 metros sobre el nivel del mar. Hace viento.
La nieve arremolinada en el CWM Occidental, aún envuelto en la sombra
(también se le da el nombre de Valle del Silencio) es azul. Ahora me
siento seguro. He recuperado mi ritmo: podré subir bien los cuatro
kilómetros hasta el segundo campamento, a 6.400 metros.
>>Percibo la armonía que se impone a todo lo que me rodea,
aunque por encima de las altísimas paredes, a izquierda y derecha del
CWM Occidental, desciendan ruidosamente piedras y aludes. Es algo natural.
>>-Nos quedamos aquí. Estamos bastante agotados. El camino ha
sido largo y fatigoso. Hemos tenido que dar muchos rodeos y buscar antes de
alcanzar este lugar. Hemos aprovechado mientras tanto para echar un vistazo a
la cara del Lhotse. Es bastante lisa, no parece fácil. No tendremos
más remedio que ir por la ruta normal, ya que se ve hielo verde en el
Espolón Sur. Quizás cuelguen todavía algunas cuerdas en el
flanco del Lhotse.
>>2 de abril. Hemos establecido el Campamento II a unos 6.500 metros
sobre el nivel del mar y nos disponemos a prepararlo todo para la noche.
Será una noche terrible, sin un instante de sueño. El viento que
desciende de la Pared Sudoeste y del Collado Sur sacude ininterrumpidamente
nuestra tienda, de modo que tememos quedar a la intemperie de un momento a
otro. La tienda que está por encima de nosotros pronto volará
hecha trizas. Queremos bajar al valle antes de que amanezca; el viento amenaza
con empeorar, y sabemos muy bien que con la nieve y la niebla sería
imposible escapar del CWM Occidental todavía sin señalar.
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