Isla de Rodas


 


El sol forma con el mar y la arena una tríada perfecta para definirlo como el lugar ideal de vacaciones.

Y esta es una definición que no pasa desapercibida, porque en temporada alta la isla se llena literalmente de turistas

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El aspecto paradisiaco de la isla la ha convertido en destino ideal de miles de turistas, en especial centroeuropeos, que han desvirtuado en buena parte el carácter y el paisaje del lugar. Siempre queda, no obstante, el recurso de evitarlos en épocas menos turísticas pero en que el clima de la isla es igualmente benigno, o de apartarse de las playas del norte, donde se concentra la mayoría.

Con 78 kilómetros de largo por 38 de ancho y 82.000 habitantes, la isla es la más grande del Dodecaneso, uno de los archipiélagos que se sitúan entre Grecia y Turquía, en el mar Egeo. La Ciudad de Rodas, al norte de la isla, está rodeada al este y al oeste por el mar. En ella se funden las culturas que pasaron por la isla y que han dejado su huella en los edificios y en el carácter de sus pobladores actuales.

Erigida en el 408 antes de Jesucristo, la ciudad enseguida se convirtió en un importante centro helenístico. Su situación estratégica la convirtió en lugar propicio para la escala de las naves cristianas durante las Cruzadas.

Tras la caída de la fortaleza de San Juan de Acre en Tierra Santa (1291), el último reducto cristiano, los Caballeros de San Juan de Jerusalén arrebataron la isla a los genoveses que la poblaban y la convirtieron en un bastión inconquistable durante doscientos años, resistiendo el asedio del sultán de Egipto (1444) y de Mehmet II (1480) pero capitulan en 1522 al largo asedio de Solimán II.

Permanecerá en poder de los turcos hasta 1912, en que pasa a manos italianas con otros restos del imperio otomano. En 1948, regresa definitivamente a la soberanía griega.

El dios Helios

Un ferry comunica la isla con Grecia en un trayecto de 18 horas, pero el medio de transporte más habitual para los turistas son los 45 minutos de avión desde Atenas al aeropuerto internacional Diagoras. Situado a 17 kilómetros de la ciudad, es el único aeropuerto comercial de los tres de que dispone la isla.

 

Actualmente llamado Mandraki, el puerto antiguo se sitúa al este de la ciudad, con su bocana flanqueada por dos estatuas de sendos ciervos en los lugares donde se cree que hace más de dos mil años se situaron los pies del célebre Coloso, la estatua de Helios de 32 metros de altura que Cares de Lindos construyó en bronce para proteger la entrada del puerto y que fue considerada como una de las siete maravillas del mundo. Un terremoto lo derribó en el 226 a.C. y ocho siglos después, un árabe vendió los restos a un comerciante judío, que se los llevó a lomos de 900 camellos.

 

La bocana del puerto de Mandraki

 

Mandraki, el puerto antiguo

 

El fuerte de San Nicolás, construido en el siglo XV por los caballeros de San Juan, y el faro, cierran el puerto por el norte. Se conservan también tres molinos de viento que se empleaban para moler el grano que traían los barcos. Muy cerca se encuentra la iglesia de la Anunciación, la catedral ortodoxa en estilo gótico. Un poco más al norte está la residencia del gobernador, que los italianos construyeron junto con el Ayuntamiento, el Teatro Nacional y los juzgados.



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