| Fernando de Magallanes
descubrió este inhóspito territorio en 1520, logrando con el paso
al que dio su nombre una alternativa al africano cabo de Buena Esperanza en la
ruta hacia las especias orientales.
Estos intereses comerciales provocaron que
desde 1577 los ingleses disputaran a la corona española el dominio de
estos mares, convirtiéndolos en escenario de batallas navales y del
hostigamiento de que el pirata Francis Drake hizo objeto a las naves
españolas.
La tradición más extendida
sobre el nombre de estas tierras explica que los españoles que llegaron
aquí por primera vez confundieron a los indios tehuelches, altos y
fuertes, con auténticos gigantes, y les llamaron patagones por
comparación con un personaje frecuente en las novelas de la
época: el gigante Patagón.
El aislamiento de la zona la mantuvo a
salvo de exploradores y de los pocos colonos españoles que sin
éxito intentaron establecerse en esta zona. No fue hasta 1827 cuando las
exploraciones de los hidrógrafos ingleses empezaron a conocer este
territorio.
A esta campaña de exploraciones
pertenecía el Beagle que, con Charles Darwin a bordo, exploró las
costas de Tierra de Fuego y descubrió un nuevo paso al sur del estrecho
de Magallanes.
En varias ocasiones se fundaron
colonias y misiones religiosas pero no fue hasta 1865 en que la
colaboración de los indios permitió a un grupo de colonos galeses
una cierta prosperidad.
En 1879, el Ministro de la Guerra
argentino, Julio Roca, inició la "guerra del desierto" para
exterminar a los indios patagones. Tehuelches y Gemakes fueron asesinados
durante cuatro años para que en 1884 Chubut fuera declarado territorio
de la República Argentina. En la actualidad la colonia más
numerosa es la de los mapuches, con unos 35.000 individuos.
Las políticas colonizadoras,
basadas en la concesión de grandes extensiones para la cría de
ganado ovino, convirtieron la zona en un centro abastecedor de lana para
Argentina, y a partir de 1910 un nuevo sistema de irrigación
permitió el cultivo de vid, olivo e incluso frutales.
En gran medida, la belleza de estos
lugares ha sido preservada de la tradicional habilidad destructora del hombre
por su inaccesibilidad y aislamiento. Es un lugar desolador, inhóspito,
barrido por fuertes vientos que proceden del Pacífico. Es uno de los
lugares menos poblados del planeta, su densidad en algunas zonas no llega a un
habitante por kilómetro cuadrado.
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