El bloqueo de los
impulsos sexuales se asocia con una menor capacidad de elaborar
fantasías sexuales. Así, personas que reprimen su sexualidad o
sienten culpabilidad pueden beneficiarse de tratamientos especializados que
utilizan la elaboración de fantasías positivas para corregir su
falta de interés sexual o su incapacidad de
excitación.
La moral es algo que
está totalmente al margen de la fantasía. Mucha gente suele
culparse por la naturaleza de sus ensoñaciones. Una mujer puede no
considerar normal fantasear con una violación o con mantener relaciones
sexuales con animales, pero debe comprender que se trata únicamente de
una expresión imaginaria, no significa que constituya necesariamente un
deseo oculto o una tendencia subconsciente.
Las únicas
fantasías que pueden considerarse malas son las que interfieren,
negativamente, con la vida real. Puede suceder que las fantasías se
hagan necesarias para lograr la excitación, o que afecten a la capacidad
de las personas para relacionarse. Tan sólo si alteran la vida sexual,
ya sea por su violencia o la imposibilidad de controlarlas, habrá que
acudir a un médico o psicólogo.
El doctor Guillermo
Feo, a quien ya hemos citado, aclara cuándo una fantasía se
convierte en obsesión: "Básicamente, cuando hay violencia de
por medio, aclara Feo. O cuando se invade el espacio íntimo del otro. En
este caso sí hay peligro, pues la persona a la que uno enfrenta es un
psicótico."
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