LA FANTASIA SEXUAL

La Fantasía Sexual


FANTASIA Y SALUD

Una vida sexual plena es parte fundamental de una vida sana, y las fantasías sexuales son el complemento de la primera. Su presencia permite lograr una vida sexual más equilibrada. Una de sus mayores beneficios es el de aportar un "campo de maniobras" para prepararnos a determinadas situaciones. Podemos utilizar nuestra imaginación para comenzar a asumir actitudes y orientaciones que podremos llevar a la realidad estando ya mentalmente preparados. Asumir la propia forma de ser es el primer paso para ser aceptado.

El ensayo imaginario de una primera relación sexual por parte de un adolescente, el aumento de la excitación antes o durante la masturbación o el coito, la búsqueda de ideas divertidas para llevar a cabo con la pareja, la exploración de tendencias incipientes o reprimidas, son algunas de las aplicaciones de la imaginación en la vida sexual.

Ser consciente del sexo y pensar en él ayuda a integrarlo en el resto de nuestra vida, y resulta excitante. Fantasear nos puede aportar también el apoyo y la seguridad en uno mismo que puede faltarnos en la vida real, mejorando la autoestima y el atractivo personal, ya que como hemos visto las fronteras entre lo imaginado y lo real suelen resultar permeables a las actitudes y orientaciones. Basta con pensarse más activo en el plano sexual para que nuestra actitud real vaya poco a poco asumiendo el cambio.




El bloqueo de los impulsos sexuales se asocia con una menor capacidad de elaborar fantasías sexuales. Así, personas que reprimen su sexualidad o sienten culpabilidad pueden beneficiarse de tratamientos especializados que utilizan la elaboración de fantasías positivas para corregir su falta de interés sexual o su incapacidad de excitación.

La moral es algo que está totalmente al margen de la fantasía. Mucha gente suele culparse por la naturaleza de sus ensoñaciones. Una mujer puede no considerar normal fantasear con una violación o con mantener relaciones sexuales con animales, pero debe comprender que se trata únicamente de una expresión imaginaria, no significa que constituya necesariamente un deseo oculto o una tendencia subconsciente.

Las únicas fantasías que pueden considerarse malas son las que interfieren, negativamente, con la vida real. Puede suceder que las fantasías se hagan necesarias para lograr la excitación, o que afecten a la capacidad de las personas para relacionarse. Tan sólo si alteran la vida sexual, ya sea por su violencia o la imposibilidad de controlarlas, habrá que acudir a un médico o psicólogo.

El doctor Guillermo Feo, a quien ya hemos citado, aclara cuándo una fantasía se convierte en obsesión: "Básicamente, cuando hay violencia de por medio, aclara Feo. O cuando se invade el espacio íntimo del otro. En este caso sí hay peligro, pues la persona a la que uno enfrenta es un psicótico."



(sigue 4/5)

 


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