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LA FANTASIA MASCULINA
El tipo y calidad de
las fantasías es tan numeroso como las personas que las originan, ya que
cada uno crea sus propias ensoñaciones con total libertad y con la
garantía de su privacidad. Muchas de ellas no son nunca confesadas, ni
siquiera a los investigadores, pero puede establecerse una pauta de las que se
repiten con más frecuencia:
Mantener relaciones
sexuales en grupo, con una persona del mismo sexo, en un lugar diferente o
insólito, incluso en público. Aunque hacer el amor con una pareja
distinta sea una de las fantasías más habituales, el 60 % de
ellas está relacionado con la pareja actual, con la que se imaginan
diferentes posturas, actividades y roles, como el sexo oral o una actitud
más activa, casi agresiva, en la mujer.
"Los hombres
fantasean para crear excitación o distanciarse emocionalmente de
diversos tipos de presiones" -explica Herb Goldberg, profesor de
psicología de la Universidad del Estado de California- "El que
fantasea con una mujer que está en perpetuo celo, cuando está en
su presencia, ese hombre siempre la imagina bella, de cuerpo perfecto.
Además, su relación con ella es la envidia de todos los
demás hombres y, en ese esquema, el que fantasea se siente
irresistible".
La mayor diferencia
entre las fantasías masculinas y femeninas, sin embargo, se refiere a la
actitud más que al hecho en sí mismo. Así, suelen
conservarse en el terreno de la imaginación los mismos conceptos que en
la realidad: el hombre adopta papeles más activos mientras que la mujer
mantiene una mayor pasividad.
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La llamada
fantasía de la seducción total es una de las más
habituales. El hombre imagina la satisfacción de todos sus anhelos con
una mujer desconocida que accede a todos sus deseos incondicionalmente. Un
esquema que ha sido perpetuado por infinidad de producciones
cinematográficas, no necesariamente pornográficas.
La oportunidad de
mantener relaciones con varias mujeres a la vez es otra de las fantasías
masculinas por excelencia. Probablemente la que hayan desarrollado más
hombres se refiere a presenciar o participar en un episodio sexual entre dos
mujeres, habitualmente la pareja estable y una mujer cercana. Esta
ilusión, afirman los expertos, puede responder a un deseo de
reafirmación de la virilidad y de la autoestima al sentirse
"merecedor" de tal privilegio.
La presión que
el hombre suele recibir por asumir su rol dominante en la sociedad, suele
manifestarse en las fantasías en que prefiere ceder el papel
protagonista, la iniciativa, a las mujeres con las que fantasea. De esa forma
puede evadirse de las responsabilidades de su vida, de las decisiones
familiares y de tomar siempre la iniciativa en el plano sexual. Durante un rato
prefiere eludir la carga de tener que hacerlo todo, y hacerlo bien.
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