Desde los comienzos de la
historia humana, los temas poco comprobables o directamente inexplicables
fueron tratados por brujos y hechiceros. Las religiones y filosofías
esotéricas fueron, en un comienzo, esbozos de articulaciones de todas
esas ideas que merodeaban la imaginación pública sin resolverse.
Resulta llamativo que las que se hayan originado en diferentes latitudes y en
diversos momentos históricos coincidan en algunos aspectos. Son muy
importantes los esfuerzos de variados grupos religiosos para aunar a la
mayoría de los enigmas en el origen del mundo conocido.
También resulta importante cómo
sobrevive, de diferentes maneras, la idea de un creador presente en todo lo
creado. Como si la firma del autor no faltara en ninguna obra. Hoy este valor
es respetado a través de la Ecología y la Biodiversidad pero en
nuestros remotos ancestros la idea de que todo objeto podía contener por
completo a Dios fue útil para generar un gran respeto al entorno. Este,
si bien no estaba basado en el conocimiento científico, permitió
una protección ambiental hasta ahora imposible de igualar.
Es el interés de este artículo
valorar ese implacable respeto y analizar la increíble coincidencia
sobre el valor de los objetos ligados a la unidad en diversas
filosofías. Según estas visiones cada objeto estaba vinculado a
la totalidad del Universo. Esta trama invisible mantenía la
armonía de la creación y hacía que todo fuera de Dios y
él manejara todo a su voluntad.
Parece que la mente humana origina por
sí misma este tipo de pensamientos ya que se encuentran en tan diversas
regiones y momentos que resulta importante su análisis.
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